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domingo, 18 de marzo de 2012

4ª Semana... dando paso a la luz

 
-Ya sabes lo que es la luz y lo que son las tinieblas.
¡Jesús habla aquí de la luz y de las tinieblas que habitan nuestro corazón!
Intentemos esta semana ver un poco más claro.
Cuando se deja paso a la luz,
se ve claro todo, lo que nos rodea.
Cuando se prefieren las tinieblas,
la casa se nos llena
de duda, mentira, engaño…
Jesús, haznos amar la claridad,
la luz , la verdad.

Cuando nos atraen las tinieblas,
entonces, en nosotros brota
el mal, las acciones que ocultamos…
Jesús, haznos amar la claridad,
la luz y la verdad.

Cuando nos volvemos a la luz,
entonces hay en nosotros
mucho espacio para todo lo bueno.
Jesús, quiero acercarme a tu resplandor;
descubriré entonces hasta qué punto
Dios está presente en todo
lo que hacemos.

martes, 13 de marzo de 2012

3ª Semana... Orando

 
-Esta semana toca visitar un lugar de oración. No se trata de un monumento cualquiera sino de un edificio religiosos donde los creyentes se reúnen a rezar. Jesús va al Templo. Espera poder rezar allí, pero… ¿Habéis oído lo que se encontró y lo que hizo?
Heme aquí en tu casa, Señor,
vengo a ti, estoy en tu casa.

Mis ojos se posan en tu sagrario,
la lamparilla me dice que Tú estás presente.

Mis ojos se maravillan ante la luz
que atraviesa la vidriera.
Este rosetón redondo como la tierra
me hace pensar en tu deseo
de ver el mundo transido por la Luz.

Mis ojos se detienen en la cruz.
Pienso en el Amor
que puede ser tan fuerte
que es capaz de darlo todo.

miércoles, 29 de febrero de 2012

BIENAVENTURANZAS DE LA CUARESMA


Felices quienes recorren el camino cuaresmal con una sonrisa en el rostro y sienten cómo brota de su corazón un sentimiento de alegría incontenibleFelices quienes durante el tiempo de Cuaresma, y en su vida diaria, practican el ayuno del consumismo, de los programas basura de la televisión, de las críticas, de la indiferencia.

Felices quienes intentan en la cotidianidad ir suavizando su corazón de piedra, para dar paso a la sensibilidad, la ternura, la com-pasión, la indignación teñida de propuestas.
Felices quienes creen que el perdón, en todos los ámbitos, es uno de los ejes centrales en la puesta en práctica del Evangelio de Jesús, para conseguir un mundo reconciliado.
Felices quienes se aíslan de tanto ruido e información vertiginosa, y hacen un espacio en el desierto de su corazón para que el silencio se transforme en soledad sonora.
Felices quienes recuerdan la promesa de su buen Padre y Madre Dios, quienes renuevan a cada momento su alianza de cercanía y presencia alentadora hacia todo el género humano.
Felices quienes cierran la puerta a los agoreros, a la tristeza y al desencanto, y abren todas las ventanas de su casa al sol de la ilusión, del encanto, de la belleza, de la solidaridad.
Felices quienes emplean sus manos, su mente, sus pies en el servicio gozoso de los demás, quienes más allá de todas las crisis, mantienen, ofrecen y practican la esperanza de la resurrección a todos los desvalidos, marginados y oprimidos del mundo. Entonces sí que habrá brotado la flor de la Pascua al final de un gozoso sendero cuaresmal.
Miguel Ángel Mesa (Bienaventuranzas de la Vida -PPC-)

miércoles, 22 de febrero de 2012

CUARESMA 2012

Somos comunidad. Juntos caminamos en este tiempo de Cuaresma hacia Jesús. Juntos nos cuidaremos en esta ruta, porque el amor es nuestra seña. Juntos nos ayudaremos con el ayuno que Dios quiere (la misericordia),  la limosna (el compartir) y la oración (la unión de corazones con el Señor). Juntos y con la proximidad del Espíritu, tan discreto y tan buen acompañante.
¡Qué tiempo tan espléndido para hacerlo realmente en comunión! Preocupados unos por otros, sin individualismos, teniendo una mirada más amplia que la propia.
La Cruz será nuestra señal y nos guiará. Acoger la cruz, cargar con ella, asumirla, llevarla con garbo y alegría. Ser pequeños Cirineos con los que no puedan con ese peso. Cuaresma, tiempo de solidaridad.
Si las fuerzas decaen, ya vemos dónde anda la gasolinera: ayuno, limosna y oración. Tan sencillo y, a veces, cómo nos aturrullamos en el camino.
Nos encontraremos con baches y con dificultades. Tropezaremos en la piedra (¿cuántas veces?). No importa. El perdón de Dios es más grande que nuestras caídas y torpezas.
Y, al final, Cristo Resucitado, que vence al pecado y a la muerte. Hacia Él caminamos. ¡Buena ruta, hermanos!