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miércoles, 22 de junio de 2016

A veces hay que esperar


A veces hay que esperar,
porque las palabras tardan
y la vida suspende su fluir.
A veces hay que callar,
porque las lágrimas hablan
y no hay más que decir.
A veces hay que anhelar
porque la realidad no basta
y el presente no trae respuestas.
A veces hay que creer,
contra la evidencia
y la rendición.
A veces hay que buscar,
justo en medio de la niebla,
donde parece más ausente la luz.
A veces hay que rezar
aunque la única plegaria posible
sea una interrogación.
A veces hay que tener paciencia
y sentarse junto a las losas,
que no han de durar eternamente.
  • José María R. Olaizola, sj

sábado, 7 de noviembre de 2015

Oración por la creación (Laudato Si')

Nuestros amigos de Rezandovoy proponen una oración preparada a partir de la encíclica Laudato Si' del papa Francisco. Una oportunidad para hacernos conscientes de que no estamos ante una propuesta ideológica, sino una mirada profundamente espiritual a nuestro mundo, la realidad y nuestras necesarias actitudes ante la creación. Os animamos a pasar un cuarto de hora tranquilo dejándoos envolver e iluminar por la Palabra, las palabras, el silencio y la música. 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Viajan los hombres para admirar las alturas


Ve repasando mentalmente con el mayor orden posible todo lo que  te has traído…Reflexiona un momento…Todas estas cosas que has traído son útiles, todas imprescindibles, pero…Pregúntate…¿Cuál es mi equipaje para ir detrás del Señor junto con mis compañeros de camino? 
Desde ahora empieza a comprender aquella recomendación que Jesús hacía a sus discípulos: “Les encargó que no llevaran más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que calzasen sandalias pero que no llevasen dos túnicas” (Mc 6, 7-9).

ORACIÓN:
“Viajan los hombres para admirar las alturas de los montes y las ingentes olas del mar y las anchuras corrientes de los ríos y la inmensidad del océano y el giro de los astros y se olvidan así mismos”.

“Regresa a tu corazón. ¿Por qué  huyes y te pierdes lejos de ti? ¿Por qué andas por caminos solitarios? ¿Por qué vagabundeas?
¡Vuélvete! ¿Adónde? Al Señor. Él esta a la espera”. 
SAN AGUSTÍN

martes, 23 de junio de 2015

Hazme digno de servir a mis hermanos

Señor,
Cuando tenga hambre,
dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed,
mándame alguien que necesite una bebida;
Cuando tenga frío,
mándame alguien que necesite calor;
Cuando tenga un disgusto,
 preséntame alguien que necesite consuelo;
Cuando mi cruz se haga pesada,
hace que comparta la cruz de otro;
Cuando esté pobre,
ponme cerca de alguien necesitado;
Cuando me falte tiempo,
dame alguien que necesite unos minutos míos;
Cuando sufra una humillación,
dame la ocasión de alabar a alguien;
Cuando esté desanimado,
mándame alguien a quien tenga que dar ánimo;
Cuando sienta necesidad de la comprensión de los demás,
mándame alguien que necesite la mía;
Cuando sienta necesidad de que me cuiden,
mándame alguien a quien tenga que cuidar;
Cuando piense en mí mismo,
atrae mi atención hacia otra persona.

Hazme digno, Señor,
de servir a mis hermanos,
que viven y mueren pobres y hambrientos
en este mundo de hoy.
Dales, a través de mis manos,
el pan de cada día; y dales paz y alegría,
gracias a mi amor comprensivo.

Madre Teresa de Calcuta

lunes, 2 de febrero de 2015

Dios mio te amo, Tú eres mi salvación

Primero aparece el título, debo haberlo leído o escuchado en algún Salmo, recuerdo ahora que el Salmo 17 se le parece con una variante: Dios mio te amo Tú eres mi fortaleza. Y surge como un runrún interior. Una oración incesante que va creciendo y se repite de manera mecánica. Y ese Dios mío te amo es más un deseo, una finalidad, una búsqueda que se concreta en la segunda oración: Tú eres mi salvación.
Y así de sencilla es la oración y así de profunda. Porque reconocemos que Dios nos salva. Y le rogamos que nos aparte del mal todos los días.Deseamos amarlo y sabemos que el camino pasa por amar a los demás como a nosotros mismos. Pero ¡ay!, en ocasiones descubrimos que no sabemos amarnos tampoco a nosotros. Que nos falta mucho camino que recorrer en la súplica y en la oración. No hablo de falta de autoestima. Ni de depresiones que lleven a la anhedonia. Hablo de que la gente se pierde el respeto a ella misma en muchas ocasiones. Y eso también es una falta de amor.Te pierdes el respeto cuando te dejas llevar sin ser consciente de la presencia de Dios. Y te arrastran las cosas más comunes que te alejan de Él.
Dios mío te amo, es un grito anhelante en cualquier orante. Amo lo que representa Dios: el bien, la paz, el orden, la falta de egoísmo, de envidia, en definitiva de todo mal. Y amo su presencia en los demás y cuando reconozco la belleza en cualquier manifestación artística o terrestre. Porque también hay belleza en la bondad y en los gestos altruistas. Y vuelvo a clamar con la primera oración ¡Dios mío te amo!. Te amo también a través de esa persona que me recuerda a Ti. Te amo en la majestuosidad de un amanecer, en la sinfonía de una orquesta, en la simplicidad de un trozo de pan con jamón. Te amo en lo cotidiano y en lo magnificente.
Y vuelvo ala segunda oración: Tú eres mi salvación. En las noches oscuras, en los tropiezos del día a día. Tú eres mi salvación desde la aurora al ocaso. Y podría añadir, sin Ti no soy nada. Me fascina que cuando no quede rastro mio en esta Tierra pueda gozar del bien y del amor a tu lado. Y me enamora la idea de vivir en gracia permanente. Dios mío te amo, Tú eres mi salvación. Lo eres porque te hiciste uno de tantos, viniste a compartir nuestra suerte y a mostrar que no hay derrota si nos cogemos de tu mano. No la hay porque tras la muerte existe la vida eterna. La vida plena y verdadera.
Y ahora quiero compartir esta oración con mis lectores y que ellos le encuentren su sabor. Que la caten como un buen vino. Que la sorban gota a gota. Y notarán de inmediato la presencia de Él, su fuerza amorosa. Es algo que no falla. Una invocación que salva cuando el tiempo y la rapidez vertiginosa en la que nos desenvolvemos nos hace llegar al finalizar el día sin haber pensado en Dios ni un sólo instante. Y eso es frecuente para algunos. Otros buscamos la manera de que todos los días por la mañana, al mediodía, por la tarde y por la noche. Encontremos un pequeño momento para orar. Pero cuando eso se hace complicado, yo creo que una sencilla oración meditada, sirve para acercarnos a Dios. Una oración de tan sólo dos frases.
A muchos las oraciones vocales no les gustan. Necesitan caminar por otras rutas. Pues pese a todo les invito a que prueben con los Salmos para orar con ellos. Y para coger tan sólo dos frases y repetirlas sabiendo que estamos en presencia del Señor. Otros refieren los devocionarios clásicos. Hay ahora en Internet cantidad de recursos. Y me gustaría pensar que cuando subo al metro o al autobús y veo a la gente leyendo sus stmarphones, alguno puede que esté siguiendo la Liturgia de las Horas o recitando una oración o haciendo una comunión espiritual. Les parecerá pura fantasía, pero esa es mi propuesta de hoy, ojalá les sirva.
Carmen Bellver

viernes, 9 de enero de 2015

BUENOS DIAS

ORACIÓN DE LA ACOGIDA

Ayúdame, Señor, a  ser para todos aquel que espera sin cansarse, que escucha sin fatiga, que acoge con bondad, que da con amor, aquel a quien se puede encontrar siempre que se le necesita.

Ayúdame a ser una presencia segura a la que se puede acudir cuando se desea; a ofrecer esa amistad que descansa, que enriquece en ti y por ti, a irradiar una paz gozosa, tu paz, Señor.

Ayúdame a estar recogido en ti, siempre disponible y acogedor para todos. Y por eso tu pensamiento no me abandone para permanecer siempre en tu verdad y no faltar a tu ley. Y así sin hacer obras extraordinarias, sin vanagloria, pueda yo ayudar a los otros a sentirte más cercano, porque mi alma te acoge en cada instante. Amén.

martes, 10 de junio de 2014

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, danos un corazón grande, 
abierto a tu silenciosa y potente palabra inspiradora;
un corazón hermético ante cualquier ambición mezquina; 
un corazón grande para amar a todos, para servir a todos, 
para sufrir con todos;
un corazón fuerte para resisitir a cualquier tentación, 
cualquier prueba, cualquier desilusión, cualquier ofensa;
 un corazón feliz de poder palpitar al ritmo del corazón de Cristo 
y cumplir humildemente, fielmente la divina voluntad.

Pablo VI

jueves, 27 de marzo de 2014

Haznos dignos


Señor, cuando tenga hambre,
dame alguien que tenga necesidad de alimento.
Cuando tenga sed, mándame a alguien que necesite de bebida.
Cuando tenga frío, mándame a alguien para que lo abrigue.
Cuando tenga un disgusto,
ofréceme alguien para que lo consuele.
Cuando mi cruz se vuelva pesada,
hazme compartir la cruz de otro.
Cuando me sienta pobre,
condúceme hasta alguien que esté necesitado.
Cuando no tenga tiempo,
dame alguien a quien pueda ayudar unos momentos.
Cuando me sienta humillado,
haz que tenga a alguien a quien alabar.
Cuando esté desanimado,
mándame a alguien a quien dar ánimos.
Cuando sienta necesidad de comprensión de otros,
mándame a alguien que necesite de la mía.
Cuando necesite que se ocupen de mí,
mándame a alguien de quien tenga que  ocuparme.
Cuando pienso sólo en mí mismo, atrae mi atención sobre otra persona.
Haznos dignos, Señor Jesús, de servir a nuestros hermanos que, en todo el mundo, viven y mueren pobres y hambrientos.   

Madre Teresa de Calcuta

jueves, 13 de marzo de 2014

Caminando por el desierto

Cuando oímos la palabra “desierto”  seguro que pensamos en el “París-Dakar” o nos imaginamos un lugar con mucha arena, camellos, o con imágenes que hemos visto en alguna película.
Pero también sabemos que la palabra “desierto” aparece muchas veces en la Biblia; el pueblo de Israel caminó antes de llegar a la Tierra Prometida, en el desierto estuvo Juan el Bautista y otros profetas,, en el desierto
Hoy vamos a pedirle a Jesús que nos lleve al desierto de nuestro corazón para que podamos encontrarnos  con nosotras mismas y con Ël.
Aquí estoy contigo y quiero ser yo misma de verdad.
Quiero entrar dentro de mi
Quiero hacer camino hasta el desierto de mi corazón.
Quiero  tocar mi hondura y dejar de vivir desde la superficialidad.
Quiero, Jesús,, descubrirme por dentro y vivir desde dentro

Quiero tomar conciencia de lo que no soy, y de lo que soy,
Quiero poner en mi vida razones profundas que me hagan vivir.
Quiero  tener motivaciones sanas que me eleven a la altura,
Quiero tener voluntad propia a la hora de decidir.
Quiero, Jesús, dejar la arena y apoyarme en roca firme.
Quiero ser original y no copiar modas,
Quiero ser auténtica y no perder mi verdad por la imagen barata.
Quiero ser valiente, enérgica, decidida y no andar en duda continua.
Quiero, Jesús, ser yo.
Ábreme el corazón a la escucha desde el silencio.
Ábreme el corazón al contacto de tu Palabra.
Quiero estar contigo a solas, en paz y en silencio porque se que me amas.

sábado, 1 de marzo de 2014

Señor, que vea…

Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.

Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada,
donde a veces sólo hay bruma.

Que vea cómo la dignidad recuperada,
cierra los infiernos del mundo.
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.

Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin Vos.

Señor, que vea…
… que vea tu rostro en cada esquina. Amén.

José M. R. Olaizola

jueves, 28 de noviembre de 2013

Fijos los ojos en Jesús


“No te inquietes por las dificultades de la vida, por sus altibajos, por sus decepciones, por su porvenir más o menos sombrío. Quiere lo que Dios quiere. Ofrécele en medio de vicisitudes y dificultades el sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo, acepta los designios de su Providencia. Poco importa que te consideres un frustrado, si Dios te considera plenamente realizado, a su gusto. Confía ciegamente en ese Dios que te quiere para sí, y que llegará hasta ti, aunque jamás le veas. Piensa que estás en sus manos, tanto más fuertemente cogido cuanto más decaído y triste te encuentres. Vive feliz, te lo suplico, vive en paz, que nada te altere, que nada sea capaz de quitarte tu paz: ni la fatiga psíquica, ni tus fallos morales. Haz que brote y conserva siempre en tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige. Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de verdad, todo aquello que te llene de la paz de Dios. Recuerda: todo cuanto te reprima e inquiete es falso. Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Por eso, cuando te sientas apesadumbrado y triste, adora y confía.”

Teilhard de Chardin

martes, 27 de agosto de 2013

VUELVOA TI, SEÑOR

Peregrino y enfermo vuelvo a ti, Dios mío, cansado de peregrinar fuera,
y agobiado por el peso de mis males.
He experimentado que lejos de tu presencia
no hay refugio seguro, ni satisfacción que dure, ni deseo que dé fruto, ni bien alguno que sacie los deseos del alma que creaste.
Aquí estoy, pobre y hambriento. ¡Dios de mi salud! Ábreme las puertas de tu casa: perdóname, recíbeme, sáname de todas mis enfermedades', úngeme con el óleo de tu gracia, y dame el abrazo de paz que prometiste al pecador arrepentido. ¡Oh Verdad! ¡Oh belleza infinitamente amable! ¡Qué tarde te amé, hermosura siempre antigua
y siempre nueva! ¡Qué tarde te conocí!
¡Qué desdichado fue el tiempo en que no te amé ni conocí! 
(San Agustín. Confesiones X)

lunes, 3 de junio de 2013

Venid a Mi

Los que estáis arruinados,
los que habéis fracasado
ante los demás y ante vosotros,
los que sólo portáis miseria,
los que no valéis para quienes seleccionan
ni contáis para quienes mandan,
los olvidados fuera de las campañas,
los que sólo recibís golpes,
los últimos, los parias,
los nadie de la historia...
venid a mí, que quiero cobijaros
a la sombra de mis alas.

Los marginados de todo lo bueno,
los humillados por uno u otro motivo,
los sin recursos humanos y económicos,
los que os tenéis que vender cualquier precio
y sois moneda devaluada en todo momento,
los que os habéis quedado sin techo
y dormís en la calle entre cartones,
los que solo tenéis deudas y desahucios,
los cansados y agotados de vivir
y de escuchar siempre lo mismo...
venid a mí, que soy vuestro refugio,
y me complace vuestro descanso.

Niños de la calle y de nadie,
inmigrantes a la deriva,
parados al sol, cabizbajos,
enfermos sin tratamiento,
ancianos apartados,
jóvenes a la deriva,
los no reconocidos como ciudadanos,
los tristes y agobiados,
personas que sufrís violencia,
todos los que no sois queridos ni echados en falta ...
venid a mí, que soy vuestra libertad,
y recobrad vuestra dignidad.

Hambrientos de pan y de justicia,
de dignidad y de respeto,
de salud y de ternura,
de paz y de buenas noticias,
de vida y de felicidad...
sedientos de ternura y caricias,
de roce y compañía,
de abrazos y protestas,
de vino y fiesta,
de casa y mesa.
de la dignidad vuestra...
venid a mí, y saciad vuestra hambre y sed
sin miedo y sin falsos respetos.

Todos lo que sentís la vida,
día a día, como una pesada carga:
los rechazados,
los perseguidos,
los olvidados,
los excluidos,
los extranjeros,
los sin papeles,
los que sólo tenéis seguro que sois pobres,
gente sin voz, sin prestigio, sin nombre...
venid a mí, descargad vuestros fardos,
comed, bebed y descansad.

¡Todo lo que soy y tengo es vuestro!

Florentino Ulibarri

lunes, 28 de enero de 2013

Señor, que vea…(Oración)

Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.
Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada,
donde a veces sólo hay bruma.
Que vea cómo la dignidad recuperada,
cierra los infiernos del mundo.
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.

Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin Vos.

Señor, que vea…
… que vea tu rostro en cada esquina. Amén.

José M. R. Olaizola

jueves, 24 de enero de 2013

Calma

Señor, dame calma, desacelera el ritmo de mi corazón silenciando mi mente.
Afirma mi paso con la visión del futuro.
Haz que encuentre la calma de las montañas.
Rompe en mi la tensión de mis nervios y músculos
con la dulce música de los arroyos que viven en mi memoria.
Haz que viva intensamente la paz del sueño.
Enséñame a tomar vacaciones de un minuto,
al detenerme a mirar una flor, al conversar con un amigo,
al contemplar un amanecer o al leer algunas líneas de un buen libro.
Recuérdame cada día la fábula de la liebre y la tortuga, para que sepa que vivir más intenso no quiere decir vivir más rápido y que la vida es más que aumentar la velocidad.
Haz que voltee hacia las ramas del roble que florece y que
comprenda que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien.
Dame calma Señor, desacelera mi paso y pueda echar mis raíces en la buena tierra con lo que realmente vale,
para así crecer hacia las estrellas.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Ir a la raíz...

Buscamos volver a nuestro origen, Señor, tocar la raíz de nuestra vida,
el manantial de aguas puras que nos alimenta,
y beber de ti, como la samaritana,
y volver a los demás saltando de gozo y esperanza.

Queremos hacer de nuevo la experiencia de tu amor inquebrantable,
de que nuestra vida tiene su origen
y su aliento permanente en Ti, Vida de toda vida.
Queremos bajar al fondo de nuestro ser
y encontrarnos contigo, con nosotros mismos y con los demás.

Descubriremos allí, que más allá de nuestros límites
y nuestras fragilidades, tu presencia nos habita.
Que necesitamos abrazar nuestra historia, nuestra vida
y experimentarla como barro en tus manos,
en manos del alfarero que busca dar forma a la tierra en beso con el agua.
Dejaremos que se vayan los recuerdos heridos, pegados a la memoria
y los miedos futuros danzando en la fantasía.

Queremos renacer cada día desde el centro de nuestra interioridad
para abrirnos desde allí a la vida,
Tú quieres, Señor, que seamos personas que empiezan cada día,
que saben caer con humildad y levantarse con la dignidad de ser tus hijos,
personas haciéndose nuevas que caminan juntos.

Que sintamos, Señor, la presencia del hermano al lado,
también modelando nuestro barro,
construyéndonos juntos y forjando contigo el presente y el futuro.
Que así sea!

sábado, 25 de agosto de 2012

Señora del silencio

En los momentos de mayor griterío y confusión, puede hacernos bien recuperar el silencio, a través de María. 


 Madre del silencio y de la humildad,

Tu vives perdida y encontrada

en el mar sin fondo del Misterio del Señor



Eres disponibilidad y receptividad.

Eres fecundidad y plenitud.

Eres atención y solicitud por los hermanos.

Estas vestida de fortaleza.



En ti resplandecen la madurez humana

y la elegancia espiritual.

Eres señora de Ti misma

antes de ser señora nuestra.



No existe dispersión en Ti.

En un acto simple y total,

tu alma, toda inmóvil,

esta paralizada e identificada con el Señor.

Estas dentro de Dios y Dios dentro de Ti.

El Misterio total te envuelve y te penetra,

te posee, ocupa e integra todo tu ser.



Parece que todo quedo paralizado en Ti,

todo se identifico contigo;

el tiempo, el espacio, la palabra,

la música, el silencio, la mujer, Dios.

Todo quedo asumido en Ti, y divinizado.



Jamás se vio estampa humana

de tanta dulzura,

ni se volverá a ver en la tierra

mujer tan inefablemente evocadora.



Sin embargo, tu silencio no es ausencia

sino presencia.

Estas abismada en el Señor,

y al mismo tiempo,

atenta a los hermanos, como en Cana.



Nunca la comunicación es tan profunda

como cuando no se dice nada,

y nunca el silencio es tan elocuente

como cuando nada se comunica.



Haznos comprender

que el silencio

no es desinterés por los hermanos

sino fuente de energía e irradiación;

no es repliegue sino despliegue,

y que, para derramarse,

es necesario cargarse.



El mundo se ahoga

en el mar de la dispersión,

y no es posible amar a los hermanos

con un corazón disperso.

Haznos comprender que el apostolado,

sin silencio,

es alineación;

y que el silencio,

sin el apostolado,

es comodidad.



Envuélvenos en el manto de tu silencio,

y comunícanos la fortaleza de tu Fe,

la altura de tu Esperanza,

y la profundidad de tu AMOR

Quédate con los que quedan,

y vente con lo que nos vamos.



OH MADRE ADMIRABLE DEL SILENCIO

jueves, 16 de agosto de 2012

¡ Enséñame !

Señor, enséñanos a orar sin olvidar el trabajo,
a dar sin mirar a quién,
a servir sin preguntar hasta cuando,
a sufrir sin perder la fe,
a progresar sin perder la simplicidad,
a hacer el bien sin pensar en resultados,
a disculpar sin condiciones,
a marchar para el frente sin contar los obstáculos,
a creer sin malicias,
a escuchar sin herir,
a comprender al próximo, sin exigir entendimientos,
a respetar los semejantes sin reclamar consideraciones,
a dar lo mejor de nosotros.
Enséñanos también la ejecución del propio deber,
sin cobrar reconocimiento...

Enséñame Señor, a caminar en las sombras,
que yo sabré procurar la luz, amén!