sábado, 7 de mayo de 2016

¿Una vida llena?

No es una aspiración más. Es el anhelo de toda persona por conseguir una existencia digna y feliz. Porque, ¿quién desea una vida vacía? Nadie ¿verdad? Llenarla parece ser la meta, pero la cuestión es de qué. Porque quien más quien menos, aspira a una vida plena, completa, cumplida o como la queramos llamar. Hasta aquí ningún problema.

El quid de la cuestión viene cuando alguien descubre su mochila vital rebosante de objetos, ansias, prisas y vivencias que, engañosamente, se muestran como valiosos pero que no lo son tanto. ¡Y lo llena que parece estar esa vida! ¡Y lo vacíos que nos podemos sentir! Ojo con ese síndrome de Diógenes espiritual, donde el acumular sin ton ni son –sea lo que sea- embota los sentidos y no deja sitio para lo verdaderamente importante.

viernes, 6 de mayo de 2016

Gracias, Jesús, por las madres

Señor Jesús:
Gracias por las madres que nos has dado.
Los más nobles sentimientos que tenemos,
los sembró en nosotros nuestra madre:
la fe, la honestidad, el amor al trabajo.

Señor Jesús:
En esta hora de retos y desafíos,
las madres necesitan de tu ayuda:
para atender a la casa y al trabajo,
para hacer de padre y madre,
para educar en los valores cristianos,
para defenderse de la tentación,
para no caer en el pecado.

Señor Jesús:
Que la Virgen Madre las llene de fortaleza.
Señor Jesús:
Que la Virgen María siga siendo
modelo de todas las madres.

Señor Jesús:
Que también ellas luchen por la justicia
y que confíen en el Dios de los pobres:
El Dios que quiere pan en todas las mesas
y paz en todos los hogares;
el Dios que destruye el poder corrompido
y protege a los indefensos y humillados.

Señor Jesús:
Ilumina la vida de nuestras madres.
Premia sus desvelos y trabajos.
Da paz a las madres ya difuntas.
Bendice a todos los hogares.
Y que los hijos sean siempre
gloria y corona de las madres.

jueves, 5 de mayo de 2016

LA MIRADA DE MARÍA

Yo también quisiera poseer, Santa María,
ojos tan lúcidos como los tuyos.
Para comprender el Misterio que te hace grande
Para entender la Palabra que te hizo  feliz
Yo también quisiera tener tus ojos, Santa María,
para descubrir definitivamente a Jesús
y no perderlo ante tanto escaparate que la vida me ofrece.
Yo también quisiera tener tus ojos, Santa María,
y por encima de valles y de montes
saber que me espera un horizonte en Dios
con los brazos abiertos.
¿Cómo conseguir tu mirada?
¿Cómo alcanzar tu vista?
¿Cómo mantener la nitidez de tus ojos?
"Sólo con la oración", me respondes Santa María,
se limpian tanto los ojos como el alma
Sólo con la obediencia
se alcanza a ver lo que el mundo niega
Sólo con la confianza
los ojos llegan donde el hombre no atina
Sólo con la sencillez
los ojos traspasan lo que la inteligencia nos dificulta
¡Ayúdame, Santa María!
Dame esos ojos grandes que ven a Dios
Dame esos ojos limpios que contemplan a Cristo
Dame esos ojos penetrados por los rayos del Espíritu
Y, si acaso no puedo,
sólo te pido que no dejes de mirarme.
Amén.
 Ave María
J.Leoz

miércoles, 4 de mayo de 2016

QUIERO TENER TACTO


Para buscar a Dios y no perderlo
Para distinguir el error de la verdad
Para no andar por caminos equivocados
QUIERO TENER TACTO
Como el de María, vivo e inquieto
Como el de María, humano y divino
Como el de María, sereno  y humillado
Como el de María, obediente y activo
QUIERO TENER TACTO
Sin dejar la tierra, tocar el cielo
Sin dejar el cielo, no olvidar la tierra
Sin dejar de ser hombre, no olvidar a Dios
Sin dejar a Dios, sentirme plenamente hombre
QUIERO TENER TACTO
Para comprender y ser comprendido
Para vivir y ayudar a vivir
Para levantarme y ayudar a levantar
Para creer y ayudar a creer
QUIERO TENER TACTO
Como el de María, para bendecir a Dios
Como el de María, para sentir a Jesús
Como el de María, para disfrutar al Espíritu
Como el de María, para acariciar la cruz
QUIERO TENER TACTO
Y, si por lo que sea, sólo tengo para las cosas del mundo
te pido, María, que des otra sensibilidad a mis manos.
Amén.
 Ave María
J.Leoz

lunes, 2 de mayo de 2016

“MISIÓN del matrimonio y la familia, hoy” (I)


    Opciones pastorales y desafíos, por el P. Mata
                Empezamos por imaginarnos una escena de un matrimonio en medio de unas olas, ya que
hoy, el matrimonio está navegando en medio de un oleaje bastante fuerte, que lo sacude por todos los lados…  Ante lo cual, nos preguntamos: ¿Qué opciones y líneas de Pastoral Matrimonial son necesarias, hoy? 
                Aquí, no consideramos al matrimonio como una opción para los no-perfectos, … para los que no les queda otra opción en su vida,… para los que no pueden superar la “concupiscencia” que se decía antes, … y por eso se casan. No se trata de esa situación: nada que ver.
                Vamos a hablar de la misión del matrimonio, en primer lugar, como manifestación, como anuncio, como imagen. Es que es muy importante la imagen, porque, para el que nos ve, no ve simplemente un matrimonio, ve algo más: lo que manifestamos. Y ¿qué es lo que manifestamos, pues, en el matrimonio, en la familia, hoy?  :

                1ª.- Manifestamos  la necesidad del otro, u, hospitalidad, esto es, ser hospitalarios, ya que  estamos en una sociedad tremendamente individualista, donde cada uno va a lo suyo, donde el  modelo es el individuo autosuficiente, muy capacitado pero que va a su bola, y al final, le importa un pimiento lo que pase a los demás. Hoy, el interés por acoger a los demás está  en tanto me sirve o no, por ejemplo, los emigrantes ¿por qué los acogemos? Es que necesitamos una fuerza de trabajo ; y, si…¿no los necesitamos? Pues…¡allá ellos!  Como opción económica, está muy bien, pero como opción cristiana, es francamente discutible.
                Es muy importante que el modelo de acogida, de hospitalidad cristiana, se extienda en la sociedad, y esa es tarea del matrimonio; pero, ¿en qué  sentido hablamos aquí de acoger al otro?
Optar por compartir la vida con alguien, quiere decir, que yo necesito del otro, que no voy por libre, que mi vida necesita construirse junto a la de otra persona. Entonces ¿por qué no funcionan algunas comunidades? Porque, en el fondo, pensamos que no necesitamos de otro. Crear comunidad se da en dos gestos: ser servidor, y, ser generador de comunidad.
 La hospitalidad empieza, pues, por sentir la necesidad del otro.
En el matrimonio, hay una función esencial: “acoger a los hijos”: vosotros elegís tener hijos, pero no elegís a los hijos que vais a tener:  lo que os venga, lo acogéis. Y muchas veces, ese acoger, no es, a lo mejor, lo que os viene, porque nos gustaría acoger a un hijo muy creyente, y sin embargo, a ellos también hay que acogerlos, en su diferencia, en su particularidad. Esa paternidad/maternidad es un símbolo de lo que es la hospitalidad sin condiciones, que es, la mayor manifestación que podemos hacer hoy, desde la experiencia de matrimonio y de familia.

                2ª.-Enseñar a tratar a cada uno, como es, también llamada  equidad. La equidad es, a veces, mal entendida, porque solemos confundirla con la justicia. Justicia es dar a cada uno lo que se debe; en tanto que equidad es reconocer a cada uno como único, es decir, respetar al otro en su diferencia, en su esencialidad, en su ser.
                Cada uno es único, y así lo acojo, porque es único a los ojos de Dios, porque es criatura de Dios; esto, primero se aprende a vivir en la familia, y después, podemos vivirlo en la sociedad; si no, es muy difícil.

3ª.- Es hacer que las diferencias tengan elementos  de comunión del matrimonio en la familia.
                El ser diferente, el ser cada uno como es, … no nos da derecho a ser cada uno como nos dé la gana, no nos da derecho a permitir todo. En la Biblia se nos habla de “alianza” como ámbito de encuentro y  unión.
                Nosotros en la experiencia familiar matrimonial, lo que hacemos es construir una alianza, que es la integración de personas distintas, pero que son capaces de construir algo juntos; mucho más importante en la familia es que, lo que hacemos, lo hagamos juntos: esto es un canto a una integración que cada vez se va haciendo más extraña, porque a los distintos, casi instintivamente los apartamos.
               
4ª.-Está también la misión de carácter profético:  la Iglesia doméstica vive en pequeño lo que Dios sueña y quiere para toda la humanidad: y esto es vivir el matrimonio como profecía.  Sabemos que el profeta es persona de esperanza: familia profética, es familia que vive en esperanza, que confía por tanto en las posibilidades del ser humano, de la realidad. El profeta es aquel que es capaz de abrir caminos, cuando todos ven dilemas imposibles. Y ¿cómo se hace? Pues, siendo capaces de integrar donde nadie integra, y siendo capaces de acoger donde nadie acoge.

                De todo esto,  derivan unas OPCIONES PASTORALES, de las que el matrimonio es agente.
Porque  en la Nueva Evangelización, los evangelizadores, no somos los profesionales del gremio; ahora los protagonistas somos todos los cristianos, y, los casados, como testigos del matrimonio, sois vosotros los que sabéis la verdad del matrimonio.
                Esto supone, vivir una serie de caminos de acción transformadora en medio de unos desafíos. Y en ese camino, se impone hacer una alianza transformadora de la realidad que vosotros ya vivís, y que ya hacéis. Y tomar unas opciones prioritarias

                1ª .- Habrá que tomar una opción del sacramento del matrimonio inclusiva y no-excluyente: esto es, por nuestra formación, nosotros decimos que el único matrimonio válido para un cristiano es el matrimonio canónico. Entonces … ¿los demás matrimonios no valen? No lo decimos, porque Dios no nos pertenece sólo a los cristianos. Así que: dos personas, que, con sus limitaciones, incluso no-creyentes, deciden construir su vida juntos, también reciben el don de Dios, no quizás como lo podemos vivir nosotros, pero también lo tienen.
                Urge pues, una mayor acogida y respeto, hacia otras opciones de matrimonio, por ejemplo, el matrimonio civil, ¿por qué no? Recordemos que la gente se casaba,  mucho antes de que el matrimonio fuera sacramento. De hecho, los primeros cristianos se casaban civilmente, después iban al presbítero a que los bendijera. Aún no había matrimonio canónico: la sacramentalidad del matrimonio es muy tardía, y es el último sacramento que se descubre como tal sacramento.
                Por eso hablamos de una acogida: nadie estamos diciendo que todo sea igual. Y además, tenemos una conciencia que nos exige que participemos y lo celebremos como parte de la Iglesia que somos.
                No se puede equiparar el que dos personas que se casan civilmente, con aquellos que simplemente conviven: sí, a ambos habrá que respetarlos; porque, a lo mejor,  esas personas esperan algo de nosotros, cuando nos acerquemos a esas realidades, y su aceptación a la Iglesia puede depender de cómo nos acerquemos a ellos.

                2ª.- Opción por un matrimonio vivido en proceso: la Pastoral Familiar y Matrimonial ha de abarcar todo el proceso de la vida. Al matrimonio hay que empezar a prepararlo desde la Primera Comunión, sentando las bases de lo que conduce a esa opción de vida, desde los primeros momentos. No puede estar ausente la opción matrimonial, de la catequesis o de la Pastoral, hasta un mes antes de que vayan a casarse, porque, entonces sólo puedes darles unas pildoritas o poco más. Esto está sometiéndose a revisión: ¡es nuestra esperanza!.
                Esa opción de un matrimonio, vivida en proceso, supone que hay que marcar pautas, marcar etapas, y eso supone que haya personas que sean capaces de acompañar en esos procesos.

                .- Opción  por un matrimonio cristiano de realidad evangélica, y vivido como consagración. Sabemos ya que el matrimonio es llamada de Dios, y por tanto, es un horizonte de pastoral vocacional.  Así que esta Pastoral matrimonial tiene que atender al matrimonio como vocación, si quieres que los matrimonios  vivan como opción evangélica ¡claro!


                4ª.- Opción por un matrimonio cristiano ya que ese es su carisma por la gracia recibida, que él ha de transmitir. No hay gracia que uno reciba, que le pertenezca exclusivamente: la recibe para transmitirla a otros. Por eso, el amor que une a la familia debe llegar a otras personas, a otros ambientes, y debe hacerse eficaz en la misión. Un matrimonio o familia que no es misionera, casa casi pierde el apellido de cristiana. Cada Iglesia doméstica descubre e irradia su carisma, según las circunstancias, y de cómo está constituida esa familia, … ¡hay tarea!                                                                    (continuará)      Fernando

domingo, 1 de mayo de 2016

La paz en la Iglesia

La misericordia de Dios no tiene fin.
En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio.
Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo.
Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tenga necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin.
Francisco, Misericordiae Vultus 25
Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia
En el evangelio de Juan podemos leer un conjunto de discursos en los que Jesús se va despidiendo de sus discípulos. Los comentaristas lo llaman «El Discurso de despedida». En él se respira una atmósfera muy especial: los discípulos tienen miedo a quedarse sin su Maestro; Jesús, por su parte, les insiste en que, a pesar de su partida, nunca sentirán su ausencia.
Hasta cinco veces les repite que podrán contar con «el Espíritu Santo». Él los defenderá, pues los mantendrá fieles a su mensaje y a su proyecto. Por eso lo llama «Espíritu de la verdad». En un momento determinado, Jesús les explica mejor cuál será su quehacer: «El Defensor, el Espíritu Santo... será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho». Este Espíritu será la memoria viva de Jesús.
El horizonte que ofrece a sus discípulos es grandiosoDe Jesús nacerá un gran movimiento espiritual de discípulos y discípulas que le seguirán defendidos por el Espíritu Santo. Se mantendrán en su verdad, pues ese Espíritu les irá enseñando todo lo que Jesús les ha ido comunicando por los caminos de Galilea. Él los defenderá en el futuro de la turbación y de la cobardía.
Jesús desea que capten bien lo que significará para ellos el Espíritu de la verdad y Defensor de su comunidad: «Os estoy dejando la paz; os estoy dando la paz». No solo les desea la paz. Les regala su paz. Si viven guiados por el Espíritu, recordando y guardando sus palabras, conocerán la paz.
No es una paz cualquiera. Es su paz. Por eso les dice: «No os la doy yo como la da el mundo». La paz de Jesús no se construye con estrategias inspiradas en la mentira o en la injusticia, sino actuando con el Espíritu de la verdad. Han de reafirmarse en él: «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde».
En estos tiempos difíciles de desprestigio y turbación que estamos sufriendo en la Iglesia,sería un grave error pretender defender nuestra credibilidad y autoridad moral actuando sin el Espíritu de la verdad prometido por Jesús. El miedo seguirá penetrando en el cristianismo si buscamos asentar nuestra seguridad y nuestra paz alejándonos del camino trazado por él.

Cuando en la Iglesia se pierde la paz, no es posible recuperarla de cualquier manera ni sirve cualquier estrategia. Con el corazón lleno de resentimiento y ceguera no es posible introducir la paz de Jesús. Es necesario convertirnos humildemente a su verdad, movilizar todas nuestras fuerzas para desandar caminos equivocados y dejarnos guiar por el Espíritu que animó la vida entera de Jesús.