martes, 22 de noviembre de 2016

JORNADA NACIONAL DE FORMADORES


28-30 de octubre en Cristo de El Pardo, Madrid


Invitados por el Equipo de Sector, el pasado fin de semana del 28 al 30 de octubre, asistimos a un Encuentro de Formadores que se celebró en la casa de ejercicios que los Padres Capuchinos tienen en El Pardo (Madrid).

Ha sido un fin de semana intenso en oración y experiencias, donde pudimos comprobar junto con otros treinta matrimonios (todos los sectores regionales estaban representados) y guiados por Alberto y Mercedes (Responsables de nuestra Super-Región), cómo estamos y hacia dónde quiere caminar el Movimiento en el futuro, y más en concreto en los aspectos de formación.
Reuniones mixtas, dinámicas de Oración, estudio de los documentos de “Formación”, una velada muy animada y alegre e intercambio de opiniones y vivencias han llenado estos días.

Pudimos comprobar como desde la Super-Región hay una gran inquietud por formar e informar a todos los equipistas para que caminemos con los nuevos tiempos que estamos viviendo. Los equipistas de ahora tenemos que ser, como todos los cristianos, personas formadas de acuerdo a las nuevas corrientes que circulan en la Iglesia. No es bueno quedarnos solamente en nuestras celebraciones, cultos y oraciones. Necesitamos formarnos en aquello que creemos para poder transmitir mejor y con claridad las bases de nuestra Fe. Esta es la gran apuesta de la Super-Región en la que esperamos que todos los equipistas, jóvenes y menos jóvenes nos impliquemos, porque en ella va el futuro de nuestro querido Movimiento.

Nos traemos un sentimiento de esperanza y optimismo del caminar del Movimiento, observando también cómo lo que están haciendo en otras regiones. Esperamos poder llevarlo adelante con la ayuda de nuestra Madre y poderos transmitir estas vivencias tan enriquecedoras a todos vosotros.


Luis y Clara. E16

lunes, 21 de noviembre de 2016

Año de la Misericordia: El Papa Francisco y el rezo de vísperas


El Papa Francisco presidió el rezo de las vísperas, la oración que reza la Iglesia al caer la tarde, y pronunció la siguiente meditación:

¡Qué lindo es rezar todos juntos las vísperas!. ¡Cómo no soñar con una Iglesia que refleje y repita la armonía de las voces y del canto en la vida cotidiana! Y lo hacemos hoy en la Catedral, que es signo de la Iglesia y de cada uno de nosotros.
La oración litúrgica, su estructura y modo pausado, quiere expresar a la Iglesia toda, esposa de Cristo, que intenta configurarse con su Señor. Cada uno de nosotros en nuestra oración queremos ir pareciéndonos más a Jesús.
La oración hace emerger aquello que vamos viviendo o deberíamos vivir en la vida cotidiana, al menos con la oración que no quiere ser alienante o sólo preciosista.  La oración nos da impulso para ponernos en acción, o, para revisarnos en aquello que rezamos en los salmos: somos las manos del Dios «que alza de la basura al pobre» (Sal 112,7) y somos  los que trabajamos para que la tristeza de la esterilidad se convierta en campo fértil.
Nosotros que cantamos que «vale mucho a los ojos del Señor la vida de los fieles», somos los que luchamos, peleamos, defendemos la valía de toda vida humana, desde la concepción hasta que los años sean muchos y las fuerzas pocas.
La oración es reflejo del amor que sentimos por Dios, por los otros, por el mundo creado; el mandamiento del amor es la mejor configuración del discípulo misionero con Jesús.
Estar apegados a Jesús da profundidad a la vocación cristiana, que interesada en el «hacer» de Jesús –que es mucho más que actividades– busca asemejarse a Él en todo lo realizado. La belleza de la comunidad eclesial nace de la adhesión de cada uno de sus miembros a la persona de Jesús, formando un «conjunto vocacional» en la riqueza de la diversidad armónica.
Las antífonas de los cánticos evangélicos de este fin de semana nos recuerdan el envío de Jesús a los doce. Siempre es bueno crecer en esa conciencia de trabajo apostólico en comunión. Es hermoso verlos colaborando pastoralmente, siempre desde la naturaleza y función eclesial de cada una de las vocaciones y carismas.
            Quiero exhortarlos a todos ustedes, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y seminaristas a comprometerse en esta colaboración eclesial, especialmente en torno a los planes de pastoral de las diócesis y de su misión, cooperando con toda su disponibilidad al bien común.
Si la división entre nosotros provoca esterilidad (cf. Evangelii gaudium 98-101), no cabe duda de que de la comunión y la armonía nace la fecundidad, porque son profundamente consonantes con el Espíritu Santo.
Todos tenemos limitaciones. Ninguno puede reproducir en su totalidad a Jesucristo, y si bien cada vocación se configura principalmente con algunos rasgos de la vida y la obra de Jesús, hay algunos comunes e irrenunciables. Recién hemos alabado al Señor porque «no hizo alarde de su categoría de Dios» (Flp 2,6) y esa es una característica de toda vocación cristiana: no hizo alarde de su categoría. El llamado por Dios no se pavonea, no anda tras reconocimientos ni aplausos pasajeros, no siente que subió de categoría ni trata a los demás como si estuviera en un peldaño más alto.
La supremacía de Cristo es claramente descrita en la liturgia de la Carta a los Hebreos; nosotros acabamos de leer casi el final de esa carta: «Hacernos perfectos como el gran pastor de las ovejas» (Hb 13,20), y esto supone asumir que todo consagrado se configura con Aquel que en su vida terrena, «entre ruegos y súplicas, con poderoso clamor y lágrimas» alcanzó la perfección cuando aprendió, sufriendo, qué significaba obedecer; y eso también es parte de la llamada, es parte de su vocación.
Terminemos de rezar nuestras vísperas; el sonido de las campanas antecede y acompaña en muchas oportunidades nuestra oración litúrgica: hechos de nuevo por Dios cada vez que rezamosfirmes como un campanariogozosos de repicar las maravillas de Dios, compartamos el Magnificat y dejemos al Señor hacer, que Él haga, a través de nuestra vida consagrada, grandes cosas en nuestra acción pastoral.                               

Fernando  

domingo, 20 de noviembre de 2016

Cargar con la cruz

El relato de la crucifixión, proclamado en la fiesta de Cristo Rey, nos recuerda a los seguidores de Jesús que su reino no es un reino de gloria y de poder, sino de servicio, amor y entrega total para rescatar al ser humano del mal, el pecado y la muerte.
Habituados a proclamar la «victoria de la Cruz», corremos el riesgo de olvidar que el Crucificado nada tiene que ver con un falso triunfalismo que vacía de contenido el gesto más sublime de servicio humilde de Dios hacia sus criaturas. La Cruz no es una especie de trofeo que mostramos a otros con orgullo, sino el símbolo del amor crucificado de Dios que nos invita a seguir su ejemplo.
Cantamos, adoramos y besamos la Cruz de Cristo porque en lo más hondo de nuestro ser sentimos la necesidad de dar gracias a Dios por su amor insondable, pero sin olvidar que lo primero que nos pide Jesús de manera insistente no es besar la Cruz sino cargar con ella. Y esto consiste sencillamente en seguir sus pasos de manera responsable y comprometida, sabiendo que ese camino nos llevará tarde o temprano a compartir su destino doloroso.
No nos está permitido acercarnos al misterio de la Cruz de manera pasiva, sin intención alguna de cargar con ella. Por eso, hemos de cuidar mucho ciertas celebraciones que pueden crear en torno a la Cruz una atmósfera atractiva pero peligrosa, si nos distraen del seguimiento fiel al Crucificado haciéndonos vivir la ilusión de un cristianismo sin Cruz. Es precisamente al besar la Cruz cuando hemos de escuchar la llamada de Jesús: «Si alguno viene detrás de mí... que cargue con su cruz y me siga».
Para los seguidores de Jesús, reivindicar la Cruz es acercarse servicialmente a los crucificados; introducir justicia donde se abusa de los indefensos; reclamar compasión donde solo hay indiferencia ante los que sufren. Esto nos traerá conflictos, rechazo y sufrimiento. Será nuestra manera humilde de cargar con la Cruz de Cristo.
El teólogo católico Johann Baptist Metz viene insistiendo en el peligro de que la imagen del Crucificado nos esté ocultando el rostro de quienes viven hoy crucificados. En el cristianismo de los países del bienestar está ocurriendo, según él, un fenómeno muy grave: «La Cruz ya no intranquiliza a nadie, no tiene ningún aguijón; ha perdido la tensión del seguimiento a Jesús, no llama a ninguna responsabilidad, sino que descarga de ella».
¿No hemos de revisar todos cuál es nuestra verdadera actitud ante el Crucificado?¿No hemos de acercarnos a él de manera más responsable y comprometida?
Solemnidad de Cristo Rey - C
(Lucas 23,35-43)
20 de noviembre 2016

sábado, 19 de noviembre de 2016

Carta de un padre negro a su hija ante la victoria de Trump

Ante la victoria de Donald Trump el jugador de beisbol Martellus Bennett, ha hecho pública una carta a su hija Jett, en la que le explica cómo debe actuar ahora que su país tiene como presidente a un señor que quiere echar de Estados Unidos a la gente de raza negra. Dice así:
«Papá, ¿cómo afectará esto a mi futuro?. Jett, mi amor, no estoy seguro del todo. Dentro de cuatro años habrás cumplido los siete y estarás en Segundo Grado. Tu madre y yo tenemos mucho trabajo que hacer. Continuaremos enseñándote cómo amar, a aceptar a los demás tal y como son, a pensar por ti misma, a ayudar a quienes lo necesitan, y a conseguir lo que el mundo considera imposible. Está bien que no te pongas límites. Continuaré animando también a los otros niños, porque ellos dibujarán tu futuro de manera directa. El mundo será algún día completamente tuyo, no hay tiempo que perder y hay que prepararse ahora. Así que abre tus brazos y trata de alcanzar las estrellas porque si alguien puede tocarlas, esa eres tú. No temas el mañana, aprovecha al máximo el hoy. Hay que prepararse ahora. Así que levántate, ¡eres un GIGANTE! Mereces un mundo lleno de color, maravillas y sueños. Coloreemos el mundo juntos, tus sueños son mis sueños. Juntos podemos ser el cambio que nos gustaría ver en este universo. Tenemos mucho trabajo por delante, pero creo que tendremos ayuda. ¡Estoy muy orgulloso de tí! Sé que es un peso enorme sobre tus hombros pero no te preocupes porque siempre estaré aquí para apoyarte. Hay que prepararse ahora. Te quiero. Ahora, ¡vamos!»

Alejandro Córdoba

viernes, 18 de noviembre de 2016

Miedo

El miedo es verdad que paraliza. El miedo recorta la libertad, a más miedo, menos libertad...y menos posibilidad de ejercer todas nuestras capacidades y potencialidades de modo eficaz. Lo contrario al miedo es la valentía, o el arrojo... es verdad, pero quien lo posea para unas cosas le puede faltar para otras...o puede tener arrojo para cosas no importantes, y sí para las importantes. De todas todas necesitamos cierta valentía, para que la vida (no los negocios) no nos coma.

Hay un antídoto que se ha despreciado durante estas últimas décadas, y que, poco a poco se va viendo lo importante y necesario que era, y me refiero a la esperanza que otorgaba la fe. La esperanza es la convicción de que no pasa nada nunca,...aunque pase!! pues Dios está con nosotros.

Hemos ido quitando poco a poco a Dios de nuestras vidas y, cada día más, se va apoderando el miedo de la gente...creo que no exagero.

Hay miedo a la vida, miedo a las consecuencias de la fidelidad, hay miedo a la enfermedad y a la muerte...hay miedo al sufrimiento....y todo esto hace que la calidad de vida sea mala, baja.

La oración, la fe en Cristo, sin darnos cuenta, nos hacía vivir todas estas realidades de un modo absolutamente distinto...con más sosiego. Hoy no. La gente sufre por sólo pensar que va ha sufrir...

Una pena. El Señor había pensado todo cuando nos regalaba la fe...pero nosotros hemos pensado que lo podíamos mejorar... Cmo no puede ser de otro modo es un grandísimo error intentar corregir al Creador.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Quiero estar en vela, Señor

Preparado para que, cuando Tú llames, yo te abra
Despierto para que, cuando Tú te acerques, te deje entrar
Alegre para que, cuando Tú te presentes, veas mi alegría

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR
Que, el tiempo en el que vivo, no me impida ver el futuro
Que, mis sueños humanos, no eclipsen los divinos
Que, las cosas efímeras, no se antepongan sobre las definitivas

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR
Y que, cuando nazcas, yo pueda velarte
Para que, cuando vengas, salga a recibirte
Y que, cuando llores, yo te pueda arrullar

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR
Para que, la violencia, de lugar a la paz
Para que los enemigos se den la mano
Para que la oscuridad sea vencida por la luz
Para que el cielo se abra sobre la tierra

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR
Porque el mundo necesita ánimo y levantar su cabeza
Porque el mundo, sin Ti, está cada vez más frío
Porque el mundo, sin Ti, es un caos sin esperanza
Porque el mundo, sin Ti, vive y camina desorientado

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR
Prepara mi vida personal: que sea la tierra donde crezcas
Trabaja mi corazón: que sea la cuna donde nazcas
Ilumina mis caminos: para que pueda ir por ellos y encontrarte
Dame fuerza: para que pueda ofrecer al mundo lo que tu me das

Quiero estar, en vela, Señor
Entre otras cosas porque, tu Nacimiento,
será la mejor noticia de la Noche Santa
que se hará madrugada de amor inmenso en Belén.
¡VEN, SEÑOR!