martes, 29 de noviembre de 2016

Adviento, tiempo de abrir puertas

Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré estando ausente?
Si estás por doquier, ¿cómo nos descubro tu presencia?
Cierto es que habitas en una claridad inaccesible.
Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?
¿Quién me conducirá hasta allí para verte en ella?
Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgos te buscaré?
Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro...
Enséñame a buscarte
y muéstrate a quien te busca,
porque no puedo ir en tu busca, a menos que Tú me enseñes,
y no puedo encontrarte si Tú no te manifiestas.
Deseando te buscaré,
te desearé buscando,
amando te hallaré,
y encontrándote te amaré.

San Anselmo

lunes, 28 de noviembre de 2016

Año de la Misericordia: Papa Francisco y un santuario mariano


Un santuario mariano es un lugar de fiesta, de encuentro, de familia. Acudimos a presentar nuestras necesidades, venimos a agradecer, a pedir perdón y a volver a empezar. ¡Cuántos bautismos, cuántas vocaciones sacerdotales y religiosas, cuántos noviazgos y matrimonios nacieron a los pies de nuestra Madre!. ¡Cuántas lágrimas y despedidas!. Venimos siempre con nuestra vida, porque aquí se está en casa y lo mejor es saber que alguien nos espera. Y venimos porque queremos renovar nuestras ganas de vivir la alegría del Evangelio.
¡Cómo no reconocer que el santuario mariano es parte vital del pueblo cristiano…!. Así lo sienten, así lo rezan, así lo cantan. Acudimos como Pueblo de Dios, a los pies de nuestra Madre, a darle nuestro amor y fe.
En el Evangelio del anuncio del Ángel a María leemos: «Alégrate, llena de gracia. El Señor está contigo». Alégrate, María, alégrate. Frente a este saludo, ella, quedó desconcertada y se preguntaba qué quería decir. No entendía mucho lo que estaba sucediendo. Pero supo que venía de Dios y dijo «sí». María es la madre del «sí». Sí, al sueño de Dios, sí al proyecto de Dios, sí a la voluntad de Dios. Un «sí» que, como sabemos, no fue nada fácil de vivir. Un «sí» que no la llenó de privilegios o diferencias, sino que, como le dirá Simeón en su profecía: «A ti una espada te va a atravesar el corazón» (Lc 2,35). Y ¡vaya que se lo atravesó! Por eso la queremos tanto y encontramos en ella una verdadera Madre que nos ayuda a mantener viva la fe y la esperanza en medio de situaciones complicadas. Siguiendo la profecía de Simeón nos hará bien repasar brevemente tres momentos difíciles en la vida de María.
1. El nacimiento de Jesús. «No había un lugar para ellos» (Lc 2,7). No tenían una casa, una habitación para recibir a su hijo. No había espacio para que pudiera dar a luz. Tampoco familia cercana, estaban solos. El único lugar disponible era una cueva de animales. Y en su memoria seguramente resonaban las palabras del Ángel: »Alégrate María, el Señor está contigo». Y Ella podía haberse preguntado: ¿Dónde está ahora?
2. La huida a Egipto. Tuvieron que irse, exiliarse. Allí no solo no tenían un espacio, ni familia, sino que incluso sus vidas corrían peligro. Tuvieron que marcharse a tierra extranjera. Fueron migrantes perseguidos por la codicia y la avaricia del emperador. Y allí podría haberse preguntado: ¿Y dónde está lo que me dijo el Ángel?
3. La muerte en la cruz. No debe existir situación más difícil para una madre que acompañar la muerte de su hijo. Son momentos desgarradores. Ahí vemos a María, al pie de la cruz, como toda madre, firme, sin abandonar, acompañando a su Hijo hasta el extremo de la muerte y muerte de cruz. Y allí también podría haberse preguntado ¿dónde está lo que me dijo el ángel? Y luego la vemos conteniendo y sosteniendo a los discípulos.
Vemos su vida, y nos sentimos comprendidos, entendidos. Podemos sentarnos a rezar y usar un lenguaje común frente a un sinfín de situaciones que vivimos a diario. Nos podemos identificar en muchas situaciones de su vida. Contarle de nuestras realidades porque ella las comprende.
Ella es la mujer de fe, es la Madre de la Iglesia, ella creyó. Su vida, es testimonio de que Dios no defrauda, que Dios no abandona a su Pueblo, aunque existan momentos o situaciones que parecen que Él no está. Ella fue la primera discípula que acompañó a su Hijo y sostuvo la esperanza de los apóstoles en los momentos difíciles. Estaban cerrados con no sé cuántas llaves de miedo en el cenáculo.  Fue la mujer que estuvo atenta y supo decir –cuando parecía que la fiesta y la alegría se terminaba–: «no tienen vino» (Jn 2,3). Fue la mujer que supo ir y estar con su prima Isabel «unos tres meses» (Lc 1,56) para que no estuviera sola en su parto. Esa es nuestra madre así de buena, así de generosa, así de acompañadora en nuestra vida.
Todo esto lo sabemos por el Evangelio, pero también sabemos que, en este santuario, es la Madre que ha estado a nuestro lado en tantas situaciones difíciles. Este Santuario, guarda, atesora, la memoria de un pueblo que sabe que María es Madre y que ha estado y está al lado de sus hijos.
Ha estado y está en nuestros hospitales, en nuestras escuelas, en nuestras casas. Ha estado y está en nuestros trabajos y en nuestros caminos. Ha estado y está en las mesas de cada hogar. Ha estado y está en la formación de la Patria, haciéndonos Nación. Siempre con una presencia discreta y silenciosa. En la mirada de una imagen, una estampita o una medalla. Bajo el signo del rosario, sabemos que no vamos solos, que Ella nos acompaña.
Y ¿Por qué? Porque María quiso estar en medio de su Pueblo, con sus hijos, con su familia. Siguiendo siempre a Jesús, desde la muchedumbre. Como buena madre no abandonó a los suyos, sino por el contrario, siempre se metió en donde un hijo pudiera estar necesitando de ella. Tan solo, porque es Madre.
Una Madre que aprendió a escuchar y a vivir en medio de tantas dificultades de aquel: «No temas, el Señor está contigo» (cf. Lc 1,30). Una madre que continúa diciéndonos: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5). Es su invitación constante y continua: «Hagan lo que Él les diga». No tiene un programa propio, no viene a decirnos nada nuevo, más bien le gusta estar callada, tan solo su fe acompaña nuestra fe.
Y ustedes lo saben, han hecho experiencia de esto que estamos compartiendo. Todos ustedes,   tienen la memoria viva de un Pueblo que ha hecho carne estas palabras del Evangelio.
Quisiera referirme de modo especial a ustedes mujeres y madres, que tienen la memoria y la genética de aquellas que reconstruyeron la vida, la fe, la dignidad de su Pueblo. Junto a María, han vivido situaciones muy difíciles, que desde una lógica común sería contraria a toda fe. Ustedes al contrario, impulsadas y sostenidas por la Virgen, siguieron creyentes, inclusive «esperando contra toda esperanza» (Rm 4,18).
Cuando todo parecía derrumbarse, junto a María se decían: No temamos, el Señor está con nosotras, está con nuestro Pueblo, con nuestras familias, hagamos lo que Él nos diga. Y allí encontraron ayer y encuentran hoy la fuerza para no dejar que esta tierra se desmadre. Dios bendiga ese tesón, Dios bendiga y aliente su fe, Dios bendiga siempre a la mujer.
Como Pueblo, hemos venido a esta nuestra casa, a escuchar una vez más, esas palabras que tanto bien nos hacen: «Alégrate, el Señor está contigo». Es una llamada a no perder la memoria, a no perder las raíces, como pueblo creyente. Una fe que se ha hecho vida, una vida que se ha hecho esperanza y una esperanza que las lleva a primerear en la caridad.
Sí, al igual que Jesús, sigan primereando en el amor. Sean ustedes los portadores de esta fe, de esta vida, de esta esperanza, como forjadores de este hoy y mañana.
          Volviendo a mirar la imagen de María los invito a decir juntos: «es tu pueblo, Virgen pura, que te da su amor y fe». 
          Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo. Amén.                       

                                                                                                                                  Fernando

domingo, 27 de noviembre de 2016

Con los ojos abiertos

Las primeras comunidades cristianas vivieron años muy difíciles. Perdidos en el vasto Imperio de Roma, en medio de conflictos y persecuciones, aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: «Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta».
¿Significan todavía algo para nosotros estas llamadas de Jesús a vivir despiertos?
¿Qué es hoy para los cristianos poner nuestra esperanza en Dios viviendo con los ojos abiertos?
¿Dejaremos que se agote definitivamente en nuestro mundo secular la esperanza en una última justicia de Dios para esa inmensa mayoría de víctimas inocentes que sufren sin culpa alguna?
Precisamente, la manera más fácil de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra propia salvación eterna mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo. Un día tendremos que reconocer nuestra ceguera ante Cristo Juez: ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Este será nuestro diálogo final con él si vivimos con los ojos cerrados.
Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida a los que sufren. La espiritualidad cristiana no consiste solo en una mirada hacia el interior, pues su corazón está atento a quienes viven abandonados a su suerte.
En las comunidades cristianas hemos de cuidar cada vez más que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia y el olvido de los pobres. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren diariamente de hambre. No nos está permitido alimentar nuestra ilusión de inocencia para defender nuestra tranquilidad.
Una esperanza en Dios que se olvida de los que viven en esta tierra sin poder esperar nada, ¿no puede ser considerada como una versión religiosa de un optimismo a toda costa, vivido sin lucidez ni responsabilidad? Una búsqueda de la propia salvación eterna de espaldas a los que sufren, ¿no puede ser acusada de ser un sutil «egoísmo alargado hacia el más allá»?
Probablemente, la poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo sea uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Cuando el Papa Francisco reclama «una Iglesia más pobre y de los pobres», nos está gritando su mensaje más importante e interpelador a los cristianos de los países del bienestar.
1 Adviento - A
(Mateo 24,37-44)
27 de noviembre 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

Los seres más vulnerables

Nadie duda de que las niñas y niños del mundo son los seres humanos más vulnerables, más indefensos y que más necesitan de nuestra protección y nuestra ayuda. 
Si eso es así el trabajo realizado por una organización como Aldeas Infantiles genera unos sentimientos de emoción y gratitud muy profundos.
Esta ONG, fundada hace 60 años, atiende a niños y jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Busca impulsar su desarrollo y autonomia, mediante la prevención, el acogimiento en entornos familiares protectores y el fortalecimiento de sus redes familiares y sociales.
En la actualidad cuenta con 546 Aldeas en 134 países que atienden a más de 450.000 niños y jóvenes. Son datos que hablan por sí solos y generan una gran admiración y respeto.
Aldeas Infantiles ha sido galardonada con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia de 2016.
El premio supone el reconocimiento de que proteger, atender y educar a la infancia es una prioridad en la construcción del camino hacia nuestra dignidad como seres humanos.
Alejandro Córdoba

viernes, 25 de noviembre de 2016

Las tres «C» de la vida cristiana

Las tres «C» de la vida cristiana: coraje, contemplación, co­munidad. Coraje contra el miedo, para ser capaces de vivir nuestros valores cuando todos los atacan y tratan de echarlas abajo; contemplación, para ver las cosas por dentro y no quedarse en la superficie; comunidad, para vencer el indi­vidualismo feroz, con sentido de cuerpo y responsabilidad. Pero todos los días vemos en el pedestal al violento, al su­perficial, al individualista...

jueves, 24 de noviembre de 2016

JORNADAS DE FORMACIÓN DE RESPONSABLES DE SECTOR


               En la casa de ejercicios del Cristo del Pardo, en El Pardo (Madrid) se reunieron, durante los días 18, 19 y 20 de noviembre, todos los matrimonios de la Super-Región de España que este año asumieron la responsabilidad de Sector.


            Nuestros responsables Puri y Heliodoro participaron en estas jornadas donde reflexionaron, oraron trabajaron y profundizaron en torno a: “las actitudes evangélicas en el servicio”, “la responsabilidad, colegialidad y acompañamiento”, “el carisma, mística y pedagogía del amor conyugal” “conocimiento del Padre Caffarel” y “el servicio como fuente de sanación”.

            Sus ponentes un verdadero lujo al contar con la presencia del matrimonio Alvaro y Mercedes Gómez-Ferrer junto con los Responsables de la Super-Región, Alberto y Mercedes, por cierto esta última hija de los citados anteriormente.

            Sus conocimientos, experiencias, calidad, humor, alegría y amor por el Movimiento propiciaron el entusiasmo de los asistentes ilusionándoles en el servicio de la nueva responsabilidad asumida.


            Una vez más, los asistentes dieron gracias por la oportunidad que les brindó el Movimiento, reconociendo que estas “vivencias” satisfacen, favorecen y hacen ser más serviciales, a la vez que engrandecen al Movimiento E.N.S.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

RETIRO DE NOVIEMBRE DE 2016 - EUCARISTÍA POR LOS DIFUNTOS

El pasado sábado día 19, como es tradicional en este Sector, un nutrido grupo de matrimonios equipistas y ex equipistas, nos reunimos en la Capilla de María Inmaculada para celebrar la Eucaristía por nuestros difuntos.

En una muy intensa y emotiva celebración oficiada por el Consiliario del Equipo 19, D. Jesús Manuel Herreros Recio, oramos intensamente por todos nuestros difuntos y para finalizar con el consiguiente responso por todos lo que nos han precedido.

Para finalizar Nati y José María dieron lectura a un emotivo texto que por su interés os transcribimos a continuación. 

Javier y Cristina 
Equipo 16

DESCANSAD
Descansad; descansad en las manos que, por ser tan grandes sólo pueden ser las manos de Dios
Vivid; vivid en aquella ciudad que -sin penas ni tristezas- sólo puede ser la Ciudad de Dios
Esperad; esperad el último día, pues por estar ya dormidos para vosotros será un pronto despertad
Orad; orad por los que aquí quedamos, pues bien sabemos que, nuestra hora, es hora incierta, nuestro mañana, un tanto inseguro y nuestra fragilidad brota por los cuatro costados
Descansad; hermanos, descansad; vivisteis y, Dios, os guio con mano providente
Sufristeis:   pero ¿quién sabe si ahora no estaréis
descubriendo la otra cara de esa sufrida moneda?
Llorasteis; pero hoy con el pañuelo amoroso del Padre os sentís reconfortados y consolados
Amasteis; y como un gran capital que nunca decrece, presentáis las buenas acciones de vuestro ser, los detalles de tanta delicadeza repartida, la suavidad de las palabras que no quisieron herir, la prudencia de los silencios que fueron vuestro baluarte.
Sí, hermanos, descansad en las manos de Dios. Porque, en el camino que Cristo os enseñó, intentasteis llevar una vida sencilla y honesta.
Sí, hermanos, padres, amigos, compañeros, sacerdotes, y tantos que estáis ya al otro lado:
Descansad y pedid por nosotros ya que un día junto a vosotros también estaremos en espera de la resurrección final.