Querido hombre y mujer:
He escuchado tu grito de Adviento.
Está delante de mí.
Tu grito, golpea continuamente a mi puerta.
Hoy quisiera hablar contigo para que repienses tu llamada.
Hoy te quiero decir: ¿Por qué Dios preguntas? ¿A qué Dios esperas?
¿Qué has salido a buscar y a ver en el desierto?
Escucha a tu Dios, mujer y hombre de Adviento:
"No llames a la puerta de un dios que no existe,
de un dios que tú te imaginas...
Si esperas... ábrete a la sorpresa del Dios que viene
y no del dios que tú te haces...
Tú, hombre y mujer, todos, tenéis siempre la misma tentación:
hacer un dios a vuestra imagen.
Yo os digo, yo Dios de vivos,
soy un Dios más allá de vuestras invenciones.
Vosotros salís a ver donde está Dios... Os dicen:
"aquí está” pero no lo veis, y os sentís desanimados
porque Dios no está donde os han dicho...
Y Dios está vivo. Pero vosotros no tenéis mentalidad de Reino:
no descubrís a Dios en lo sencillo.
Os parece que lo sencillo es demasiado poco para que allí esté Dios.
Sabedlo: Yo, el Señor Dios, estoy en lo sencillo y pequeño...
Hombre y mujer de hoy y de siempre:
deja espacio a tu Dios dentro de tu corazón.
Sólo puedo nacer y crecer donde mi palabra es acogida.
Qué tranquilo te quedas, haciendo -lo que hay que hacer- porque -
haciendo las cosas de siempre- evitas la novedad del Evangelio.
Pero yo te digo que tu corazón queda cerrado,
y tus ojos incapaces de ver el camino por donde yo llego.
No te defiendas como haces siempre.
No te escondas bajo ritos vacíos.
Hombre y mujer, si me esperas, deja de hacerme tú el camino
y ponte en el camino que yo te señalo por boca de los profetas.
Abre el corazón a mi Palabra.
Yo, tu Dios, te hablo
jueves, 15 de diciembre de 2016
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Cambia de felicidad
"¿A quién se parece esta generación? …pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios” Mt 11,16-19
¡Para que pides!...Si no tienes fe en ti mismo... en la vida...¡ni en Dios!
¿Para qué felicidad y maravillas? Si tienes el mundo, que es un libro de sabiduría...
¡Y no sabes leerlo!
¿Para qué quieres estrellas...Si te falta la luz?
¿Para que pides felicidad….Si no te conviertes a ellas, si se te regateas la fe, si no le das lugar a Dios, si le reduces el espacio de tu corazón?
¿Si andas el camino y los acontecimientos, con las antenas cerradas?
Para qué decir: Señor... dame la felicidad...¿si no estas dispuesto a ser feliz...?
Es Adviento, dejemos que Dios nos envíe, con Jesús, un poco de felicidad.
Y que, la Navidad, sea una razón para dejar que, el corazón, baile, disfrute y pueda ser una gruta donde Dios nazca de verdad. ¿Lo intentamos? ¡Vamos a ello!
martes, 13 de diciembre de 2016
lunes, 12 de diciembre de 2016
Año de la Misericordia: Papa Francisco y un encuentro con jóvenes
Me
da una gran alegría poder encontrarme con ustedes, en este clima de fiesta.
Poder escuchar sus testimonios y compartir su entusiasmo y amor a Jesús. Ustedes han compartido el tesoro más grande
que tienen, sus historias, sus vidas y cómo Jesús se fue metiendo en ellas.
Me
gustaría destacar algunas de las cosas que ustedes han compartido:
-Manuel,
vos nos decías algo así: «Hoy me sobran ganas de servir a otros, tengo ganas de
superarme». Pasaste momentos muy difíciles, situaciones muy dolorosas, pero hoy
tienes muchas ganas de servir, de salir, de compartir tu vida con los demás.
-Liz,
no es nada fácil ser madre de los propios padres y más cuando uno es joven,
pero qué sabiduría y maduración guardan tus palabras cuando nos decías: «Hoy
juego con ella, le cambio los pañales, … todas las cosas que los hago se las entrego
a Dios, y, apenas estoy compensando todo lo que mi madre hizo por mí».
Ustedes
jóvenes, sí que son valientes. También compartieron cómo hicieron para salir
adelante. ¿Dónde encontraron fuerzas?.
Los dos dijeron: «En la parroquia». En los amigos de la parroquia y en los
retiros espirituales que ahí se organizaban. Dos claves muy importantes: los
amigos y los retiros espirituales.
Los amigos: La amistad es
de los regalos más grande que una persona, que un joven puede tener y puede
ofrecer. Es verdad. ¡Qué difícil es vivir sin amigos!. Fíjense si será de las
cosas más hermosas que Jesús dice: «yo los llamo amigos, porque les he dado a
conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15,5).
Uno
de los secretos más grande del cristiano radica en ser amigos, amigos de Jesús. Cuando uno quiere a
alguien, está a su lado, lo cuida, lo ayuda, le dice lo que piensa sí, y no lo
deja tirado. Así es Jesús con nosotros,
nunca nos deja tirados. Los amigos aguantan, se acompañan, se protegen. Así
es el Señor con nosotros: nos aguanta, nos acompaña, nos protege.
Los retiros espirituales.
San Ignacio hace una meditación famosa llamada de las dos banderas. Describe por un lado, la bandera del demonio y
por otro, la bandera de Cristo. Sería como las camisetas de dos equipos y nos
pregunta, ¿en cuál nos gustaría jugar?.
Con
esta meditación, nos hace imaginar, cómo sería pertenecer a uno u a otro
equipo. Sería como preguntarnos, ¿con quién queréis jugar en la vida? Y dice
San Ignacio que el demonio,
para reclutar jugadores, promete, a aquellos que jueguen con él, riqueza,
honores, gloria, poder. Serán famosos, todos los endiosarán.
Por
otro lado, nos presenta la jugada de Jesús.
No como algo fantástico. Jesús no nos presenta una vida de estrellas, de
famosos; por el contrario, nos dice que jugar con él es una invitación a la
humildad, al amor, al servicio a los demás. Jesús no nos miente. Nos toma en
serio.
En
la Biblia, al demonio se le llama el padre de la mentira.
Aquel que prometía, o mejor dicho, te hacía creer que haciendo determinadas
cosas serías feliz. Y después te dabas cuenta que no eras, para nada, feliz: que
estuviste detrás de algo que lejos de darte la felicidad, te hizo sentir más
vacío, más triste. Amigos: el diablo es un «vende humo». Te promete, te
promete, pero no te da nada, nunca va a cumplir nada de lo que dice. Es un mal
pagador. Te hace desear cosas que no dependen de él, y te hace depositar la
esperanza en algo que nunca te hará feliz. Esa es su jugada, esa es su
estrategia. Hablar mucho, ofrecer mucho y no hacer nada. Es un gran «vende
humo» porque todo lo que nos propone es fruto de la división, del compararnos
con los demás, de pisarle la cabeza a los otros para conseguir nuestras cosas.
Por
el contrario, tenemos a Jesús, que nos
ofrece su jugada. No nos vende humo, no nos promete aparentemente grandes
cosas. No nos dice que la felicidad estará en la riqueza, el poder, orgullo.
Por el contrario, nos muestra que el camino es otro. Dice a sus seguidores: Bienaventurados, felices los pobres
de espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de
justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la
paz, los perseguidos por la justicia. Y termina diciéndoles, alégrense por
todo esto (cf. Mt 5,1-12). ¿Por qué? Porque Jesús no nos miente. Nos muestra un camino que es vida, que es
verdad. Él es la gran prueba de esto. Es su estilo, su manera de vivir la
vida, la amistad, la relación con su
Padre. Y es a lo que nos invita. A sentirnos hijos. Hijos amados. Él sabe
que la felicidad verdadera, está en ser
sensibles, en aprender a llorar con los que lloran, en estar cerca de los
que están tristes, en poner el hombro, dar un abrazo. Quien no sabe llorar, no
sabe reír, y, por lo tanto, no sabe vivir. Jesús sabe que en este mundo de
tanta competencia, envidia y tanta agresividad, la verdadera felicidad pasa por aprender a ser pacientes, a respetar
a los demás, a no condenar ni juzgar a nadie, en perdonar. Y además, Dios
es misericordia, es perdón.
Todos
en algún momento nos hemos sentido perdonados, ¡qué lindo que es! Es como
recobrar la vida, es tener una nueva oportunidad. Por eso, felices aquellos que son portadores de nueva vida, de nuevas
oportunidades. Felices los que trabajan para ello, los que luchan para ello.
Errores tenemos todos, equivocaciones, miles. Por eso, felices aquellos que son
capaces de ayudar a otros en su error, en sus equivocaciones: estos sí que son verdaderos
amigos y no dejan tirado a nadie. Ellos
son quienes nos muestran que el camino de las bienaventuranzas es un camino de
plenitud, un camino posible, real, que llena el corazón: son los limpios
de corazón, los que superan las dificultades.
Felices los que ven especialmente lo bueno de
los demás. Ellos son nuestros amigos y modelos: son esos jugadores
indispensables que uno siempre mira para dar lo mejor de sí. Ellos son el
ejemplo de que Jesús no es un «vende humo», su propuesta es de plenitud, es una
propuesta de amistad, de amistad verdadera, de esa amistad que todos
necesitamos. Amigos al estilo de Jesús,
no para quedarnos entre nosotros, sino para salir a la «cancha», e ir a hacer
más amigos. Para contagiar la amistad de Jesús por el mundo, donde estén, en el
trabajo, en el estudio, en la previa, por WhatsApp, en Facebook o Twitter… cuando
salgan a bailar, en la plaza o jugando un partidito en la cancha del barrio.
Ahí es donde están los amigos de Jesús. No vendiendo humo, sino haciendo el
aguante. El aguante de saber que somos felices al hacer el bien, y, porque
tenemos un Padre, que nos perdona, que nos ama. Fernando
domingo, 11 de diciembre de 2016
Curar heridas
La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: «¿Eres tú el que tenía que venir o hemos de esperar a otro?».
Jesús le responde con su vida de profeta curador: «Id a contar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan; los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia». Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.
Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».
Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: «No juzguéis y no seréis juzgados».
Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.
Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba «reino de Dios».
El papa Francisco afirma que «curar heridas» es una tarea urgente: «Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es capacidad de curar heridas». Habla luego de «hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano, que lava, limpia y consuela». Habla también de «caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perdernos».
Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Siempre les confía una doble tarea: curar enfermos y anunciar que el reino de Dios está cerca.
sábado, 10 de diciembre de 2016
VEN SEÑOR
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ahora!
Ven pronto, ven, que el mundo gira a ciegas ignorando el amor que lo sustenta.
Ven pronto, ven, Señor, que hoy entre hermanos se tienden trampas y se esconden lazos.
Ven, que la libertad está entre rejas
del miedo que unos a otros se profesan.
Ven, ven, no dejes ahora de escucharnos cuando tanto camino está cerrado
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? ¡Ahora!
¿No has de ser la alegría de los probres, de los que en ti su confianza ponen?
¿No has de ser para el triste y afligido consuelo en su pesar, luz en su grito?
¿Quién pondrá paz en nuestros corazones si tu ternura y compasión se esconden?
¿Quién colmará este hambre de infinito
si a colmarlo no vienes por ti mismo?
¡Ya, Señor! ¿Para cuándo esperas? Ahora
viernes, 9 de diciembre de 2016
Irak un país en el abismo
Irak es un país que ha caído en un abismo, sacudido por una violencia sin fin que todos los días genera cientos de muertes.
Lo ha dicho el patriarca caldeo Louis Raphael I Sako. Y añade: “estas muertes se han convertido en un fenómeno cotidiano, al que nosotros mismos y el mundo poco a poco se están acostumbrando, como si fuera una rutina”.
La tragedia de los refugiados de Mosul; las miles de viviendas destruidas por los yihadistas y los ataques que golpean Bagdad y otras partes del país son signos de una tragedia sin fin que involucra a miles de personas inocentes.
Estamos frente a un mundo y un pueblo sin valores, dice el patriarca Sako. Golpear peregrinos que regresaban de una oración, así como atacar iglesias y mezquitas son el símbolo de una “barbarie” sin fin.
Habla de actos extremos que tienen como objetivo crear odio y divisiones, para aplastar a una nación y su tejido social.
Frente a todo esto, añade, es aún más urgente la necesidad de reconciliación, de encuentro entre cristianos y musulmanes, entre suníes y chiíes.
En este momento los líderes chiítas – junto con personalidades del mundo sunita – han condenado el ataque, señala el patriarca caldeo. Pero ahora ya no es suficiente con condenar, porque se necesita una acción eficaz y compartida. Hay que cambiar la mentalidad y la cultura; impulsar una reforma social y educativa que contraste con esta ideología violenta.
Alejandro Córdoba
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