Te regalo a mi Santísima Madre, para que sea tu Madre.
Te regalo mi alegría para que tengas una fuente inagotable de paz.
Te regalo mis fuerzas para que te sostengas en tu cansancio cuando sirvas a los demás.
Te regalo la quietud de la noche bendita de mi nacimiento para que llenes tu alma de paz.
Te regalo mis ojos para que con ellos puedas dar una nueva mirada a este universo que puse a tu servicio.
Te regalo mi caridad para que sientas el anhelo de trabajar por los desposeídos y de compartir tu pan con los hambrientos.
Te regalo mi amor para que lleno tu corazón de él, puedas prodigarte a los demás.
Te regalo mi paz para que con tu buena voluntad des gloria a Dios.
Te regalo mi humildad para que desde tu condición de hombre, estés dispuesto a crecer y superarte.
Te regalo la mula del establo para que calientes con tu fervor.
Te regalo mi sencillez para que puedas llegar al Reino de los Cielos.
Te regalo la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar y mi valentía para cambiar las que puedo.
Te regalo mis ángeles para que te enseñen a ser mensajero de paz.
Te regalo las caricias de mis manos para que te consuelen y alienten.
Te regalo las lágrimas de mi madre como bálsamo de tus penas.
Me quedo contigo.
Te regalo la miel que llevaron los pastores para que endulces la vida de los tuyos con cariño y generosidad.
Te regalo mi humildad para engrandecerte.
Te regalo mi estrella para que te muestre el camino que a mí conduce.
Te regalo la música para que como ella alegra, tu también logres dar gozo a los demás.
Te regalo mis lágrimas para que laves con ellas tus pecados.
Te regalo la luz de mi mirada para que guíe tus pasos.
Te regalo mi misericordia para que con ella juzgues a tus hermanos.
Te regalo mi alegría para que con ella contagies al mundo.
Te regalo mi ternura para que con ella sirvas a los pequeños y a los necesitados.
Te regalo mis manos para que con ellas construyas mi Reino.
Te regalo mi amistad para que en ella te apoyes.
Te regalo mi paz para que la contagies a todos los que crucen en tu camino.
Como la estrella iluminó el camino de los reyes, recibe la luz de mi amor para que la irradies a los demás.
Te regalo mi hombro que sostuvo la cruz del pecado de la humanidad para que te ayude a cargar tu cruz.
Te regalo mi pesebre para que en él repose tu corazón.
Te regalo el perdón para que como un bálsamo sane el rencor y cada ofensa que guardes en tu corazón y así en paz contigo mismo me ofrezcas lo mejor de ti.
Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
Te regalo el sol para que así como él alumbra al mundo, alumbres tú la vida de tu familia y tus amigos.
Te regalo mis pies para que te guíen por el camino de la verdad.
Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
Te regalo mi boca para que con ella denuncies la injusticia.
Te regalo mis llagas para que te conforten en tu dolor y crezca en ti la esperanza.
jueves, 22 de diciembre de 2016
miércoles, 21 de diciembre de 2016
martes, 20 de diciembre de 2016
lunes, 19 de diciembre de 2016
Papa Francisco y la familia como comunidad conyugal de un hombre y una mujer
La
familia es origen y base “de esta cultura mundial que nos salva de tantos
ataques, tantas destrucciones, tantas colonizaciones”. Fue a la familia, a
quien Dios confió la creación. Y la familia es la comunidad humana fundamental
e insustituible.
Pero
el actual pasaje de civilización
aparece marcado por los efectos a largo plazo de una sociedad administrada
por la tecnocracia económica. La subordinación de la ética a la lógica de
la ganancia tiene grandes recursos y de apoyo mediático enorme. En este
escenario, una nueva alianza del
hombre y de la mujer se convierte no solo en necesaria sino también en
estratégica por la emancipación de los pueblos de la colonización del dinero.
Esta alianza ¡debe volver a orientar la política, la economía y la convivencia
civil! Esta decide la habitabilidad de la tierra, la transmisión del
sentimiento de la vida, los vínculos de la memoria y de la
esperanza.
De
esta alianza, la comunidad conyugal-familiar del hombre y de la mujer es la
gramática generativa, el “nudo de oro”
podemos decir. La fe la recoge de la sabiduría de la creación de Dios: que ha
confiado a la familia, no el cuidado de una intimidad en sí misma, sino con el
emocionante proyecto de hacer “doméstico” el mundo. La familia está al
inicio, a la base de esta cultura mundial que nos salva; nos salva de tantos ataques, de tantas destrucciones, de tantas
colonizaciones, como aquella del dinero o como aquellas ideologías que amenazan
tanto el mundo. La familia es la base
para defenderse.
Propio
de la Palabra bíblica de la creación
hemos tomado nuestra inspiración fundamental, sobre la familia. A esta Palabra
podemos y debemos acudir, con amplitud y profundidad. La creación de Dios no es una simple premisa
filosófica: ¡es el horizonte universal de la vida y de la fe! No hay un
designio divino diverso de la creación y de su salvación. Es por la salvación
de la creatura -de cada creatura- que Dios se ha hecho hombre: «por nosotros
los hombres y por nuestra salvación», como dice el Credo. Y Jesús resucitado es
el «primogénito de cada creatura» (Col 1,15).
El mundo creado está confiado al
hombre y a la mujer: lo que pasa entre ellos da la marca a todo. El rechazo
de la bendición de Dios llega faltamente a un delirio de omnipotencia que
arruina cada cosa. Es lo que llamamos “pecado original”. Y todos venimos
al mundo con la herencia de esta enfermedad.
A pesar de eso, no somos malditos,
ni abandonados a nosotros mismos. La antigua narración del primer amor de
Dios por el hombre y la mujer, ¡tenía ya páginas escritas con fuego, al
respecto! «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo» (Gen
3,15a). Son las palabras que Dios dirige a la serpiente engañadora,
encantadora. Con estas palabras Dios marca a la mujer con una barrera
protectora contra el mal, a la cual ella puede recurrir –si quiere- por cada
generación. Quiere decir que la
mujer tiene una secreta y especial bendición, ¡para la defensa de su
creatura del Maligno! Como la Mujer del Apocalipsis, que corre a esconder
el hijo del Dragón. Y Dios la protege (cfrAp 12,6)
¡Piensen
cuál profundidad se abre aquí! Existen muchos lugares comunes, a veces incluso
ofensivos, sobre la mujer tentadora que inspira el mal. En cambio hay espacio
para una teología de la mujer que esté a
la altura de esta bendición de Dios ¡para ella y para la generación!
La misericordiosa protección de Dios
hacia el hombre y la mujer, en cada caso, nunca
falta a ambos. ¡No olvidemos esto! El lenguaje simbólico de la Biblia nos
dice que antes de alejarlos del jardín del Edén, Dios hace al hombre y a la
mujer túnicas de piel y los viste (cfr Gen 3,21). Este gesto de
ternura significa que también en las dolorosas consecuencias de nuestro pecado,
Dios no quiere que nos quedemos desnudos y abandonados a nuestro destino de
pecadores. Esta ternura divina, este
cuidado hacia nosotros, la vemos encarnada en Jesús de Nazaret, hijo de Dios
«nacido de mujer» (Gal 4,4). Y siempre san Pablo dice todavía:
«mientras éramos todavía pecadores, Cristo ha muerto por nosotros» (Rom 5,8).
Cristo, nacido de mujer, de una mujer. Es la caricia de Dios sobre nuestras llagas, sobre nuestros errores,
sobre nuestros pecados. Pero Dios nos ama como somos y quiere llevarnos hacia
adelante con este proyecto, y la mujer es la más fuerte que lleva adelante este
proyecto.
La promesa que Dios hace al hombre y a la
mujer, al inicio de la historia, incluye todos los seres humanos, hasta el final de la historia. Si
tenemos fe suficiente, las familias de los pueblos de la tierra se reconocerán
en esta bendición. De todos modos, cualquiera que se deja conmover por esta
visión, a cualquier pueblo, nación, religión pertenezca, se ponga en camino con
nosotros. Será nuestro hermano, nuestra hermana. Sin hacer proselitismo, no… Caminamos juntos, bajo esta bendición,
bajo este objetivo de Dios, de hacernos a todos hermanos en la vida, en un
mundo que va hacia adelante que nace propio de la familia, de la unión del
hombre y de la mujer.
¡Dios
les bendiga, familias de cada rincón de la tierra, a todos!
Fernando
domingo, 18 de diciembre de 2016
Experiencia interior
El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también «Emmanuel». Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa «Dios con nosotros»? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.
Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos «Dios» no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo si yo no tengo alguna experiencia personal, por pequeña que sea?
De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera vivo dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nosotros podremos rastrear su presencia en nuestro entorno.
¿Es posible? El secreto consiste sobre todo en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar «acogiendo» la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.
Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.
Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo XX, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, «esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre». El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio conoceremos la alegría de la Navidad.
sábado, 17 de diciembre de 2016
Por qué los llaman Nazarenos
La palabra nazareno es la que aparece en el Corán para referirse a los cristianos, los seguidores de Jesús, "el Nazareno".
Cuando el ISIS invadió Mosul lo primero que hicieron fue marcar las casas de los cristianos con la “nun” que puedes ver en la fotografía adjunta. Se trata de la letra n en árabe, que es la primera de la palabra nazareno.
Al marcar las casas de los cristianos lo que querían era identificarlos, presionarlos a la conversión, tomar posesión de sus pertenencias e incluso asesinarlos.
En respuesta a esa agresión, hubo protestas no solo de cristianos sino también de musulmanes en el mismo Irak y después en varias partes del mundo, bajo el lema “Yo también soy Nazareno”, en clara señal de apoyo a los cristianos perseguidos.
Fue así que la palabra “nazareno” , en principio utilizada como insulto por el Estado Islámico, se transformó en signo de honor. De querer significar “malditos por Dios” pasó a decir “perseguidos por causa de Cristo” es decir ¡dignos de la Bienaventuranza!.
En todo este tiempo ha habido sacerdotes y religiosas que han permanecido con los cristianos perseguidos alimentando su fe. Puedes conocerlos a través del blog “Amigos de Irak”.
Si quieres ayudarles puedes hacerlo sin intermediarios y con la certeza de que lo que des se utilizará íntegramente para la gente que lo necesita. Accede directamente a la forma de ayudar en la siguiente dirección: http://amigosdeirak.net/como-ayudarnos/
Alejandro Córdoba
viernes, 16 de diciembre de 2016
Prepárate, Dios viene
Necesitamos de una salvación urgente para nuestro mundo. Ante tanto acontecimiento negro es buena la luz que nos destella la Fe. Por encima de todo, este domingo, nos impregna de alegría: Jesús siempre será una buena nueva.
Porque cuando el hombre vemos que ha perdido el rumbo…… Jesús, con su nacimiento, le trae la posibilidad de reencontrarse a sí mismo en la humildad y en la esperanza.
En cierta ocasión un joven presumía de gustarle empaparse debajo de la lluvia. Pero lo cierto era que, cada vez que llovía, desplegaba un gigantesco paraguas para protegerse de ella. Un buen amigo se le acercó y le dijo: “oye..si quieres mojarte de verdad..¿por qué no cierras el paraguas?”.
El mensaje de salvación nos exige replegar el paraguas de nuestra incredulidad y del relativismo: ¡qué más quieren las ideas dominantes que releguemos a un tercer plano a Dios!. Y la actitud más apropiada es, precisamente, dejarnos empapar totalmente por esa gran novedad que Jesús nos trae: DIOS. Por el ambiente (no exterior de la navidad) y sí de los sentimientos que genera el sentido auténtico de estos próximos días: JESUS.
Ante la próxima Navidad no podemos contentarnos con cumplir un simple expediente como cristianos o de escuchar más o menos la Palabra de Dios. Lo importante es que NOS VOLVAMOS TOTALMENTE A EL; que seamos como aquella veleta que en lo más alto del templo nos dicta a las claras de dónde y por dónde viene el viento de la fe: desde Oriente la Salvación.
En este Domingo de la alegría ante el amigo que viene no podemos presentarle una sonrisa profidén, una vida postiza, una fe sin obras. Ante el Señor que llega no cabe sino la emoción del amigo que espera, por el amigo que llega.
Lo que más me atrae de este tiempo de Adviento es que Jesús se cuela en medio de todo ese noticiario negro y calamitoso para abrirnos una realidad y buena nueva: DIOS NOS AMA Y POR ESO NUNCA SE CANSARA DE NACER DE NUEVO
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