domingo, 22 de noviembre de 2015

Examen ante el testigo de la verdad

Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.
Precisamente Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono:«¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.
«Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.
Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey... y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.
Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra... conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.
Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos.
¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el «Testigo de la Verdad»?
¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús?
¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza?
¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?
José Antonio Pagola
Solemnidad de Cristo Rey - B
(Juan 18,33-37)
22 de noviembre 2015

sábado, 21 de noviembre de 2015

Incoherentes

Cantan la paz y hacen la guerra.
Gritan amor y escupen odio.
Escriben libertad 
en cadenas que forjan para otros.
Señalan a Dios, acusando,
«¿No eras omnipotente?»
Pero con su propio poder
no mueven un dedo
para aliviar dolores ajenos.
Sonríen por fuera
y desprecian por dentro.
Dicen que todos somos únicos
pero rechazan a los diferentes.
Tras pancartas de justicia
ocultan la indiferencia.
Acusan: “Ellos”
Pero ¿no seremos nosotros?

José María Rodríguez Olaizola

viernes, 20 de noviembre de 2015

(In)Coherentes

Anda lleno el mundo de dobles raseros, de palabras sin respaldo en las obras, o de gente que dice una cosa y hace la contraria. Ocurre mucho. Vemos a un político que proclama con grandilocuencia una conducta, y luego se le descubre otra. Descubrimos, con dolor, que un hombre de iglesia que predica el evangelio, luego resulta ser un abusador o un manipulador. Vemos, en lo cotidiano, que hay gente que canta el amor y vive desde un egoísmo radical. Hay quien habla de justicia, de compromiso o de sensibilidad con el medio ambiente, y sin embargo a base de viajes deja una huella ecológica que es visible desde el espacio, sin siquiera pensar en ello o buscar alternativas. El evangelio nos ayuda a vivir la coherencia, si dejamos que sus historias nos iluminen y nos provoquen.

jueves, 19 de noviembre de 2015

15 Nov – 2015: “Marcha por la vida, y, contra el aborto”



Sí, el pasado domingo, 15 de noviembre, nos unimos a esta manifestación en Madrid.

La mañana, soleada, nos –mi esposa y yo- acompañó.

A la hora indicada –mediodía-, la C/ Guzmán el Bueno estaba animada: algunos miles de personas (familias con niños, mucha gente joven, y de todas las edades…) , muchísimas pancartas con el “Sí a la vida”, … y banderas, y banderines de color rojo en donde se leía “Derecho a Vivir”.

Encabezaba la marcha un autocar color blanco con megafonía, y música alegre y animadora… y con leyendas como “Art. 15 de la Constitución Española: Todos tienen derecho a la vida”…”El aborto en España mata a 300 niños al día”… Y un incansable animador que invitaba, una y otra vez, a unir nuestras voces a su “¡¡¡Viva la vida!!!  con nuestro ¡¡¡Viva!!!

También se veían pancartas con retratos de los más importantes políticos del PP con sus antiguas promesas y manifestaciones contra el aborto y en defensa de la vida… pero…¡qué… fiasco!

Nos llamó la atención la presencia de un par de sacerdotes, jóvenes, con sotana… y me acerqué  a preguntar quiénes eran: el más joven, después de nuestra charla, me entregó su tarjeta, era el P. Alexis Rouquayrol, francés, del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, y de una parroquia cercana… hablamos… y, apreciamos su cercanía con la gente…

Llegamos a la C/ Isaac Peral, y paramos ante el Tribunal Constitucional, que, sigue sin definirse sobre el recurso, contra la Ley del Aborto Aído y de ZP, que en su día presentó el PP.

Un escenario recogería a diversos intervinientes: un nuevo locutor, médico, muy animoso y popular por sus rescates ante las clínicas abortistas de Madrid, creador de la “Escuela de Rescate a la madrileña”, quien se siente muy animado a seguir salvando vidas de nasciturus, a pesar de tantas contrariedades y persecuciones padecidas,  por haber logrado, con otros “rescatadores”, esas más de 1000 mujeres recuperadas para ser madres: nos contó algunas historias… ¡emocionante!

Intervino la portavoz de la organización convocante de la manifestación “Derecho a Vivir”, Gádor Goya, sensible a los más de 500.000 españolitos que no han nacido por culpa de la precitada Ley del Aborto, … y, el daño irreparable, ocasionado  a nuestra sociedad … si no se responde, o se sigue manifestando, …

Lourdes Méndez Monasterio, acompañada de otros cuatro exdiputados del PP, enfrentados a su partido por su defensa de la vida y contra el aborto…”La justicia, cuando es lenta, no es justicia”… “Somos muchos los que estamos a favor de la vida y contra el aborto. Lo conseguiremos cuando Dios quiera, si seguimos unidos y empeñados en su consecución”…

Ignacio Arsuaga habló de esta 6ª marcha por la vida, del apoyo a los que no tienen y que mueren de manera violenta, del apoyo a las madres embarazadas, … Otra de las intervinientes lanzó un discurso sobre estos o perecidos términos… pero no era suyo, sino de aquel Mariano Rajoy cuando se hablaba contra la Ley del Aborto… ¡cuánto ha cambiado…!   Escuchamos a una mujer  joven salvada por su madre de un diagnóstico médico abortivo… Escuchamos, en directo, el palpitar del corazón de un niño en el vientre de su madre, y vimos, en la pantalla, a su niño moverse en su seno, gracias al escáner  que ofrecía su ginecólogo… ¡Y seguían ofreciendo testimonios, apoyos, manifestaciones artísticas…!  ¡qué bien lo habían preparado!

Conclusión: Hoy no se lleva hablar ni manifestarse contra el aborto, o defender  la vida del no nacido, o apoyar a aquella mujer que está embarazada y tiene problemas para llegar a ser madre y dar la vida a ese hijo de sus entrañas… En cambio, se apoya a las clínicas abortistas, no se explican las consecuencias de una interrupción de un embarazo… se mata a niños… se decide sobre la vida o la muerte de un ser humano sin problemas… ¡qué pena!
                                                                      

                                                                                              Fernando

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Pide y se te dará

Señor te pido me des:
energía para luchar,
grandeza de alma para amar.
nobleza para no ser indigno.

Rebeldía contra las malas pasiones,
sinceridad para no ser hipócrita,
ardor para vivir mi ideal cristiano,
dignidad para ser persona.

Perseverancia para estudiar con constancia,
alegría para saber vivir,
valor para confesar tu verdad,
espíritu de sacrificio para ser más fuerte.

Luz para conocer mis defectos,
entusiasmo para ser tu apóstol,
fortaleza para ser constante;
Aliento para perseverar en tu gracia,
valentía para dar testimonio de Vos,
amor para quererte con lealtad total.

Todo, Señor, aunque me duela,
porque te amo!  Amén.

martes, 17 de noviembre de 2015

ENCUENTRO DE FORMACIÓN EN LA REGIÓN NOROESTE


El fin de semana del 21 y 22 de Noviembre tenemos el II Encuentro de Formación VOCACIÓN Y MISIÓN de la Región Noroeste. El primero fue en el mes de noviembre de 2014, y allí varios equipos de los cinco sectores de la Región tuvimos la oportunidad de saber lo que es vivir ENS con alegría. Parece que fue ayer. Y ya está  aquí el II Encuentro. Otros equipos de los sectores de León, Valladolid, Palencia-Salamanca, La Bañeza, Asturias y Cantabria vamos a disfrutar de otro encuentro en familia. Porque así son las jornadas de Equipos: momentos intensos en familia.

Ya se acerca la fecha. Los ponentes ya tienen preparadas sus reflexiones, los organizadores lo tienen todo a punto, la casa está dispuesta, una vez más La Virgen del Camino nos recibe en su regazo. Los equipistas ya están soñando con la jornada: qué habrá, en qué consistirá, qué nos dirán, con quiénes me encontraré. Son preguntas que están en la mente de los que van a asistir. 

Será un encuentro emotivo, vamos a convivir, a estar juntos dos días, a dormir bajo el mismo techo, a rezar,  a escuchar, a penetrar más en el carisma de los ENS. El Tesoro de los ENS está destapado. Ese es el reto de este curso. Queremos hacerlo realidad.

El matrimonio es una vocación. Eso los vamos a decir. No podemos quedarnos con la sabiduría de aprender a amar en matrimonio. La sociedad tiene necesidad de conocer los matrimonios cristianos de Equipos. La Iglesia no puede tener miedo de saber que el carisma de los ENS le da vida. Y todo eso lo tenemos que difundir. 
 
Rezad todos para que este encuentro tenga vida, para que los que vamos a estar allí abramos el corazón y la mente y sepamos recoger lo que después tenemos que trasmitir. Los Equipos sientan bien. Cuanto más los conocemos más nos enamoramos de ellos.

“Nosotros somos de Equipos, ¿queréis serlo vosotros? ¡Sientan tan bien!….Este bien podía ser el mantra de este encuentro. 

Herminio y Mª Nieves

Región Noroeste.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Papa Francisco y la Familia: ANTE LA MUERTE


La muerte es una experiencia que toca a todas las familias, sin excepción. Forma parte de la vida; sin embargo, cuando toca los afectos familiares, la muerte nunca nos parece natural. Para los padres, vivir más tiempo que sus hijos es algo especialmente desgarrador, que contradice la naturaleza elemental de las relaciones que dan sentido a la familia misma. La pérdida de un hijo o de una hija es como si se detuviese el tiempo: se abre un abismo que traga el pasado y también el futuro. La muerte, que se lleva al hijo pequeño o joven, es una bofetada a las promesas, a los dones y sacrificios de amor, gozosamente entregados a la vida que hemos traído al mundo.
Oímos a los padres, con la foto de un hijo, de una hija, niño, joven…: «Se marchó, se marchó». En la mirada se ve el dolor. La muerte afecta; y, cuando es un hijo afecta profundamente. Toda la familia queda como paralizada, enmudecida. Algo similar también, sufre el niño que queda solo, por la pérdida de uno de los padres, o de los dos. Esa pregunta: «¿Dónde está papá? ¿Dónde está mamá?». —«Está en el cielo». —«¿Por qué no la veo?».
Esa pregunta expresa una angustia en el corazón del niño que queda solo. El vacío del abandono que se abre dentro de él es mucho más angustioso por el hecho de que no tiene ni siquiera la experiencia suficiente para “dar un nombre” a lo sucedido. «¿Cuándo regresa papá? ¿Cuándo regresa mamá?»…Así es la muerte en la familia.
¿Qué se puede responder…?
En estos casos, la muerte es como un agujero negro que se abre en la vida de las familias, y al cual no sabemos dar explicación alguna. A veces, incluso se llega a culpar a Dios. Cuánta gente —los comprendo— se enfada con Dios, blasfemia: «¿Por qué me quitó el hijo, la hija?...¡Dios no existe!... ¿Por qué hizo esto?». Muchas veces hemos escuchado esto. Pero esa rabia es lo que viene de un corazón con un dolor grande; la pérdida de un hijo o de una hija, del papá o de la mamá, es un gran dolor. Esto sucede… en las familias.
En estos casos, he dicho, la muerte es como un agujero. Pero la muerte física tiene “cómplices” que son incluso peores que ella, y que se llaman odio, envidia, soberbia, avaricia; en definitiva, el pecado del mundo que trabaja para la muerte, y la hace aún más dolorosa e injusta. Los afectos familiares se presentan como las víctimas predestinadas e inermes de estos poderes auxiliares de la muerte, que acompañan la historia del hombre. Pensemos en la absurda “normalidad” con la cual, en ciertos momentos y en ciertos lugares, los hechos que añaden horror a la muerte son provocados por el odio y la indiferencia de otros seres humanos. Que el Señor nos libre de acostumbrarnos a todo esto.
En el pueblo de Dios, con la gracia de su compasión donada en Jesús, muchas familias demuestran, con los hechos, que la muerte no tiene la última palabra: esto es un auténtico acto de fe. Todas las veces que la familia en el luto —incluso terrible— encuentra la fuerza de custodiar la fe y el amor que nos unen a quienes amamos, la fe impide a la muerte, ya aquí, llevarse todo.
La oscuridad de la muerte se debe afrontar con un trabajo de amor más intenso. «Dios mío, ilumina mi oscuridad», es la invocación de la liturgia de la tarde. En la luz de la Resurrección del Señor, que no abandona a ninguno de los que el Padre le ha confiado, nosotros podemos quitar a la muerte su «aguijón», como decía el apóstol Pablo (1 Cor 15, 55: …que fue sepultado y que resucitó al tercer día…); podemos impedir que envenene nuestra vida, que haga vanos nuestros afectos, que nos haga caer en el vacío más oscuro. En esta fe, podemos consolarnos unos a otros, sabiendo que el Señor venció la muerte una vez para siempre.
Nuestros seres queridos no han desaparecido en la oscuridad de la nada: la esperanza nos asegura que ellos están en las manos buenas y fuertes de Dios. El amor es más fuerte que la muerte. Por eso, el camino es hacer crecer el amor, hacerlo más sólido, y el amor nos custodiará hasta el día en que cada lágrima será enjugada, cuando «ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor» (Ap 21, 4). Si nos dejamos sostener por esta fe, la experiencia del luto puede generar una solidaridad de los vínculos familiares más fuerte, una nueva apertura al dolor de las demás familias, una nueva fraternidad con las familias que nacen y renacen en la esperanza.
Nacer y renacer en la esperanza, esto nos da la fe. Pero quisiera destacar lo que leemos en Lucas 7, 11-15, sobre le resurrección del hijo de la viuda de Naím: Después que Jesús vuelve a dar la vida a ese joven, hijo de la mamá viuda, leemos: «Jesús se lo entregó a su madre». ¡Esta es nuestra esperanza! Todos nuestros seres queridos que ya se marcharon, el Señor nos los devolverá y nos encontraremos con ellos. Esta esperanza no defrauda. Recordemos bien este gesto de Jesús: «Jesús se lo entregó a su madre», así hará el Señor con todos nuestros seres queridos en la familia. Esta fe nos protege de la visión nihilista de la muerte, como también de las falsas consolaciones del mundo, de tal modo que la verdad cristiana «no corra el peligro de mezclarse con mitologías de varios tipos», cediendo a los ritos de la superstición, antigua o moderna.
 Hoy es necesario que los pastores y todos los cristianos expresen de modo más concreto el sentido de la fe respecto a la experiencia familiar del luto. No se debe negar el derecho al llanto —tenemos que llorar en el luto—, también Jesús «se echó a llorar» y se «conmovió en su espíritu» por el grave luto de una familia que amaba (Jn 11, 33-37). Podemos más bien recurrir al testimonio sencillo y fuerte de tantas familias que supieron percibir, en el durísimo paso de la muerte, también el seguro paso del Señor, crucificado y resucitado, con su irrevocable promesa de resurrección de los muertos.

El trabajo del amor de Dios es más fuerte que el trabajo de la muerte. Es de ese amor, es precisamente de ese amor, del cual debemos hacernos “cómplices” activos, con nuestra fe. Y recordemos el gesto de Jesús: «Jesús se lo entregó a su madre», así hará con todos nuestros seres queridos, y con nosotros cuando nos encontremos, cuando la muerte será definitivamente derrotada en nosotros. La cruz de Jesús derrota la muerte. Jesús nos devolverá, a todos, la familia.

Fernando