martes, 15 de noviembre de 2016

Crecer en el desierto

La sequía es la ausencia de vida, la aridez y la falta de agua que pueda proporcionar un mínimo de posibilidades para sobrevivir.
Hay momentos en nuestra vida en los que podemos sentirnos secos de proyectos, ilusiones y emociones pero... si es posible que una plantita crezca en la soledad del desierto también es posible que nuestra existencia de frutos, aunque a veces nos cerremos a la evidencia de que estamos vivos y podemos dar vida a nuestro alrededor.
Las grietas de nuestro corazón nunca se cerrarán si no damos paso al "agua de la vida" manifestado en el amor a lo que somos y podemos dar a los demás.
Por eso, nunca des nada por perdido, no te desanimes cuando sientas sequedad en tu alma... porque Dios siempre está a tu lado ofreciéndote su amor misericordioso capaz de hacer posible lo imposible.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Año de la Misericordia: El Papa Francisco y, el bien común, el “bien-estar”… y las nuevas ideologías


Cada uno a su manera, se diría que todos compartimos la vocación de trabajar por el bien común. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II definía el bien común como “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente la propia perfección”; por eso hemos de agradecer a quienes aspiran –desde su rol y misión– a que las personas y la sociedad se desarrollen, alcancen su perfección.
Estoy seguro de vuestras búsquedas de lo bello, lo verdadero, lo bueno, en este afán por el bien común. Que este esfuerzo ayude siempre a crecer en un mayor respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral, a la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva. (cf. Laudato si’ 157). Que la riqueza se distribuya.
            Nos urge poner las bases de una ecología integral, es problema de salud. Una ecología integral que incorpore claramente todas las dimensiones humanas en la resolución de las graves cuestiones socioambientales de nuestros días, porque si no, los glaciares de esos mismos montes seguirán retrocediendo y la lógica de la recepción, la conciencia del mundo que queremos dejar a los que nos sucedan, su orientación general, su sentido, sus valores también se derretirán como esos hielos (cf. Laudato si’ 159-160). De esto hay que tomar conciencia. Ecología integral supone ecología de la madre tierra, cuidar la madre tierra, ecología humana, cuidarnos entre nosotros, y ecología social.
            Como todo está relacionado, nos necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar por la especulación financiera, o, la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad.
            Es necesaria también la cultura, tanto del desarrollo de la capacidad intelectual del ser humano en las ciencias, y en generar belleza en las artes, como en el desarrollo de las tradiciones populares locales, con su particular sensibilidad ante el medio de donde han surgido y al que dan sentido. Se requiere de igual forma una educación ética y moral, que cultive actitudes de solidaridad y corresponsabilidad entre las personas. Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportar a la sociedad.
            Los cristianos, como discípulos de la Buena Noticia, somos portadores de un mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia en favor de los demás, como la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen. Esas virtudes que tan sencillamente se expresa en esos tres mandamientos, “no mentir”, “no robar”, “no ser flojo”; pero debemos estar en alerta, pues muy fácilmente nos habituamos al ambiente de inequidad que nos rodea, y que nos hace insensibles a sus manifestaciones. Y así confundimos, sin darnos cuenta, el «bien común» con el «bien-estar», Y de ahí se va resbalando de poquito a poquito, y, el ideal del bien común se va perdiendo, y termina en el bienestar sobre todo cuando somos nosotros los que lo disfrutamos y no los otros.
El bienestar que se refiere solo a la abundancia material tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal hace. En cambio, el bien común es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de lo que «es mejor para mí» a lo que «es mejor para todos», e incluye todo aquello que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares.
Los diferentes agentes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a la construcción de la unidad y el desarrollo de la sociedad. La libertad siempre es el mejor ámbito para que los pensadores, las asociaciones ciudadanas y los medios de comunicación desarrollen su función, con pasión y creatividad, al servicio del bien común. También los cristianos, llamados a ser fermento en el pueblo, aportan su propio mensaje a la sociedad.
La luz del Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora,  y debe servir al Evangelio de Cristo, para que llegue hasta los extremos del mundo. La fe es una luz que no encandila, las ideologías encandilan, la fe no encandila, la fe es una luz que no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada persona y de cada convivencia humana. El cristianismo ha tenido un papel importante en la formación de la identidad de todo el pueblo.
La libertad religiosa –como es acuñada habitualmente esta expresión en el fuero civil– es quien también nos recuerda que la fe no puede reducirse al ámbito puramente subjetivo. No es una subcultura. Será nuestro desafío alentar y favorecer que germinen la espiritualidad y el compromiso de la fe, el compromiso cristiano en obras sociales. En extender el bien común a través de las obras sociales.
Entre los diversos actores sociales, quisiera destacar la familia, amenazada en todas partes, por factores como la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos, los niños de la calle, y, recibiendo pseudo-soluciones desde perspectivas que no son saludables a la familia sino que provienen claramente de colonizaciones ideológicas. Son tantos los problemas sociales que resuelve la familia, que lo resuelve en silencio, son tantos que no promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos.
Una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma; las redes de relaciones afianzan a las sociedades. El problema de la inmigración en nuestros días nos lo demuestra. El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad, que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución. ¡Qué hermosos son los países que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro! (cf. Evangelii gaudium 210). Porque en la integración y en su búsqueda de la unidad, estamos llamados a ser «esa multiforme armonía que atrae» (Evangelii gaudium 117). 
Muchas gracias por vuestra atención. Pido al Señor sigáis progresando cada vez más, para que logréis sea esa patria feliz donde el hombre vive el bien de la dicha y la paz. Que la Virgen santa os cuide y el Señor os bendiga abundantemente. Y, por favor les pido, que no se olviden de rezar por mí.                                 Fernando




domingo, 13 de noviembre de 2016

Para tiempos difíciles

Los profundos cambios socioculturales que se están produciendo en nuestros días y la crisis religiosa que sacude las raíces del cristianismo en occidente, nos han de urgir más que nunca a buscar en Jesús la luz y la fuerza que necesitamos para leer y vivir estos tiempos de manera lúcida y responsable.
Llamada al realismo
En ningún momento augura Jesús a sus seguidores un camino fácil de éxito y gloria. Al contrario, les da a entender que su larga historia estará llena de dificultades y luchas. Es contrario al espíritu de Jesús cultivar el triunfalismo o alimentar la nostalgia de grandezas. Este camino que a nosotros nos parece extrañamente duro es el más acorde a una Iglesia fiel a su Señor.
No a la ingenuidad
En momentos de crisis, desconcierto y confusión no es extraño que se escuchen mensajes y revelaciones proponiendo caminos nuevos de salvación. Estas son las consignas de Jesús. En primer lugar, «que nadie os engañe»: no caer en la ingenuidad de dar crédito a mensajes ajenos al evangelio, ni fuera ni dentro de la Iglesia. Por tanto, «no vayáis tras ellos»: No seguir a quienes nos separan de Jesucristo, único fundamento y origen de nuestra fe.
Centrarnos en lo esencial
Cada generación cristiana tiene sus propios problemas, dificultades y búsquedas. No hemos de perder la calma, sino asumir nuestra propia responsabilidad. No se nos pide nada que esté por encima de nuestras fuerzas. Contamos con la ayuda del mismo Jesús: «Yo os daré palabras y sabiduría»... Incluso en un ambiente hostil de rechazo o desafecto, podemos practicar el evangelio y vivir con sensatez cristiana.
La hora del testimonio
Los tiempos difíciles no han de ser tiempos para los lamentos, la nostalgia o el desaliento. No es la hora de la resignación, la pasividad o la dimisión. La idea de Jesús es otra: en tiempos difíciles «tendréis ocasión de dar testimonio». Es ahora precisamente cuando hemos de reavivar entre nosotros la llamada a ser testigos humildes pero convincentes de Jesús, de su mensaje y de su proyecto.
Paciencia
Esta es la exhortación de Jesús para momentos duros: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». El término original puede ser traducido indistintamente como «paciencia» o «perseverancia». Entre los cristianos hablamos poco de la paciencia, pero la necesitamos más que nunca. Es el momento de cultivar un estilo de vida cristiana, paciente y tenaz, que nos ayude a responder a nuevas situaciones y retos sin perder la paz ni la lucidez.
33 Tiempo ordinario - C
(Lucas 21,5-19)
13 de noviembre 2016

sábado, 12 de noviembre de 2016

Prestigio y desprestigio de los españoles

Con tanta corrupción, mentira, irresponsabilidad, abuso de poder...¿cómo es que no explotamos los españoles?
Habrá quien haga mención a la picaresca española; a que a saber qué haríamos nosotros si tuviéramos oportunidad de aprovecharnos del poder.
Sin negarle algo de razón me rebelo contra esa lectura que quiero interpretar como pesimista, destructiva e irreal. Porque no todo el mundo es corrupto ni mentiroso ni cae en la tentación de abusar del poder que se le ha dado.
En el contexto político actual es obligado filtrar el ruido mediático que nos llega. Hay que separar el grano de la paja. Hay que diferenciar entre prácticas responsables e irresponsables. Hay que valorar y reconocer el buen hacer de mucha gente honrada que cumple con su deber y vela por el bien común. Y hay que hacer realidad eso de que “quien la hace la paga”.
La corrupción y el fraude son una lacra social que se extiende como la lepra y genera desconfianza y egoísmo. Tenemos por delante el reto de no dejar que nos invada el desánimo. Cortar de raíz todo lo que tenga que ver con el engaño, la falsedad y la corrupción.
¡Claro que hay que endurecer la legislación! ¡Y aplicarla! Pero hay, también, que impulsar una gran regeneración ética, que promueva, a todos los niveles, el respeto a la legalidad.
Quiero estar convencido !y lo estoy! de que hay muchos españoles con unos valores firmes y asentados en torno a la integridad personal y profesional. Y esta gente acabará impulsando la regeneración ética que España necesita.
Alejandro Córdoba

viernes, 11 de noviembre de 2016

Confianza

Cierta vez un niño visitó una pequeña pero hermosa casa en un tranquilo barrio. La casa era de dos pisos, con alfombras en los cuartos, paredes blancas y una gran ventana con vista al jardín. Le
encantó aquel lugar y en su corazón pidió a Dios tener una casa así al crecer, para poder ver crecer a sus hijos. El tiempo pasó y aquel niño creció y como es costumbre, olvidó esa y muchas otras
peticiones que se hacen a Dios cuando se es niño. Estudió, se graduó como profesional y se casó.

Una noche clara de verano mientras su esposa dormía tranquilamente en su primer mes de embarazo, tomó la Biblia y leyó el Salmo 37:4 que dice: "Deléitate en el Señor, y Él te concederá los deseos más profundos de tu corazón". Por un momento se detuvo a pensar y meditaba mientras caminaba por la alfombra del cuarto, entonces bajó al primer piso de su casa. Al llegar abajo cayó de rodillas, y rodeado de paredes blancas, en medio de la quietud de aquel barrio, mientras miraba por la ventana grande que daba al jardín... agradeció en medio de lágrimas a Dios diciendo: "Gracias Señor, pues eres fiel en todo y cumples aún aquello que yo mismo había olvidado...".

Todos tenemos sueños, deseos y anhelos y muchas veces nos frustramos por no alcanzarlos dejando de lado la confianza en Dios y la fe de creer en sus palabras, y olvidamos aquella frase de la Biblia que dice: "Poderoso es Dios para cumplir lo que promete". Si tienes un corazón puro, deseoso de servir a Dios cada día, no te debe quedar ninguna duda de que Dios cumplirá, pues su fidelidad es eterna.

jueves, 10 de noviembre de 2016

El pasado ya pasó

Hemos comprobado que la vida es vida, es bella, pero nosotros la complicamos todos los días, no nos damos cuenta que debemos cerrar capítulos y ver hacia adelante. Por eso, ahora, lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿No hiciste cuanto querías? ¿Has roto con alguien? ¿No fuiste la persona buena que deseabas? Puedes pasar mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los porqués.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, tú, tus amigos, tus hijos, tus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, hecho está. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡No, los hechos pasan y hay que dejarlos ir!. Quizás, con un corazón sencillo, limítate a pedir perdón, a reconocer que aún te queda mucho por andar y por convertirte. Pero cierra esta parte de tu libro.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No esperes que te devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de "quién eres". No, suelta. Con el resentimiento, al encender "tu televisor" personal para darte y darle al asunto, lo único que consigues es dañarte mentalmente, envenenarte, amargarte. La vida va hacia adelante, nunca para atrás. Porque si andas por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo!
Si no, déjalo ir, cierra capítulos, y deja el pasado en las manos misericordiosas del Padre. Convéncete, que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque tú ya no encajas allí: en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, ya no eres el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo. Ni tu serás el mismo ni el entorno al que regreses será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, despréndete de lo que ya no está en tu vida. Recuerda que nada ni nadie es indispensable, ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, porque cuando llegaste a este mundo lo hiciste sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, te repito, nada ni nadie nos es indispensable. Solo es costumbre, apego, necesidad. Pero, cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacude, suelta.
Recuerda aquello que decía Jesús: “Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?” (Mt 6,27)

miércoles, 9 de noviembre de 2016

VIVIR AISLADOS


Pero ¿cómo le irá al que está solo y cae cuando no hay otro que lo levante?
Eclesiastés 4,10