domingo, 4 de junio de 2017

Vivir a Dios desde dentro

Hace algunos años, el gran teólogo alemán Karl Rahner se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos era su «mediocridad espiritual». Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es «seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual».
El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.
La sociedad moderna ha apostado por lo «exterior». Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando qué es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta hoy una dimensión esencial: la interioridad.
Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios mientras nuestro corazón está ausente.
En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?
Acoger a Dios en nuestro interior quiere decir al menos dos cosas. La primera: no colocar a Dios siempre lejos y fuera de nosotros, es decir, aprender a escucharlo en el silencio del corazón. La segunda: bajar a Dios de la cabeza a lo profundo de nuestro ser, es decir, dejar de pensar en Dios solo con la mente y aprender a percibirlo en lo más íntimo de nosotros.
Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, puede transformar nuestra fe. Uno se sorprende de cómo hemos podido vivir sin descubrirla antes. Es posible encontrar a Dios dentro de nosotros en medio de una cultura secularizada. Es posible también hoy conocer una alegría interior nueva y diferente. Pero me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.
José Antonio Pagola
Pentecostés - A
(Juan 20,19-23)
04 de junio 2017

sábado, 3 de junio de 2017

La convivencia familiar que quiere el Papa Francisco

Una familia que no come unida, o que cuando lo hace no dialoga, o está con su televisor o su teléfono, es una familia poco familiar, una familia automática. Es la reflexión del Papa Francisco sobre la convivencia familiar.
Su propuesta es apostar por una Iglesia-familia, en la que se hable, se escuche y se atienda a todos.
Saber convivir es una virtud preciosa. Compartir la comida es una experiencia fundamental. De hecho las fiestas, los aniversarios etc. se hacen en torno a una mesa.
Los cristianos, dice, tenemos una especial vocación a la convivialidad. Jesús no desdeñaba comer con sus amigos. Representaba el Reino de Dios como un banquete alegre. Y fue en el contexto de una cena donde Jesús entregó a los discípulos su testamento espiritual, e instituyó la Eucaristía.
Destaca el Papa el riesgo que corre la sociedad actual de vivir encerrados en nuestros propios muros. Y considera que la convivialidad generada desde la familia y la Eucaristía supone una oportunidad crucial para vencer el encierro y construir puentes de dialogo, acogida, cariño y caridad.
Alejandro Córdoba

viernes, 2 de junio de 2017

¡Ven Espíritu Santo!

Cuando el olvido y la indiferencia nos alejan del hermano:
¡Ven Espíritu de Amor, Bondad y Ternura!

Cuando la incomprensión nos aísla:
 ¡Ven Espíritu de Sabiduría y Unión!

Cuando la mentira nos envuelve:
 ¡Ven Espíritu de Verdad!

Cuando las tinieblas nos encubren y envuelven la realidad:
¡Ven Espíritu de claridad y transparencia!

Cuando el egoísmo nos puede:
¡Ven Espíritu de Jesús, ayúdanos a ser para los demás!

Cuando la pereza nos paraliza:
¡Ven y sacúdenos Espíritu de servicio!

Cuando la incredulidad nos ciega:
¡Ven Espíritu Santo y danos sabiduría!

Cuando el desánimo nos domina:
¡Ven con tu Esperanza, Espíritu Santo!

Cuando la debilidad nos puede:
¡Ven Espíritu de Fortaleza!

Cuando la mediocridad es nuestro pan de cada día:
¡Ven Espíritu de Jesús y empújanos a una Entrega Total!

Cuando la tristeza nos amenaza:
¡Ven Espíritu de Alegría y fiesta cristiana!

Cuando la exigencia del Reino nos llama:
¡Ven Espíritu Santo y camina con nosostros!

jueves, 1 de junio de 2017

Señor, que vea…

Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.

Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada,
donde a veces sólo hay bruma.

Que vea cómo la dignidad recuperada,
cierra los infiernos del mundo.
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.

Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin Vos.

Señor, que vea…
… que vea tu rostro en cada esquina. Amén.

José M. R. Olaizola

miércoles, 31 de mayo de 2017

Se acerca Pentecostés

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. Hechos 2, 1-4

- “Estaban todos en un mismo lugar…”: ¿Dónde estoy yo…? ¿Me encuentro cerca o lejos de la comunidad de Jesús…? ¿Me siento perteneciente a su familia?... Oremos con mucha atención pidiendo, por medio de María Corazón Inmaculado el Espíritu que nos una y nos mantenga firmes en la fe y perseverantes en la comunidad cristiana.

- “De repente vino del cielo un ruido…”: ¿Qué ruidos son los que llenan nuestro corazón? ¿Qué voces llenan nuestro interior…? ¿Qué deseos nos atrapan y arrastran…? ¿Busco el silencio como experiencia que me plenifica y humaniza…? Oremos con insistencia pidiendo, por medio de María Corazón Inmaculado, el Espíritu que nos sobresalte con su voz, que nos despierte de nuestros sueños…

- “Semejante a un viento impetuoso…”: El viento, al soplar mueve los árboles, empuja las velas de los barcos, hace rodar las aspas de los molinos… ¡es movimiento! ¿Hay en mi vida movimiento…? ¿Hacia dónde…? ¿Crezco… o estoy paralizado…? ¿Avanzo… o retrocedo…? Oremos en esta noche pidiendo, por medio de María Corazón Inmaculado el Espíritu que nos mueve hacia Dios y hacia los hermanos y nos hace crecer en fe y en caridad…

- “Llenó toda la casa donde estaban…”: ¿De qué está llena nuestra casa, nuestro domicilio particular…? ¿Abunda la comprensión…, el diálogo…, el servicio…, el perdón…, la paz…, el respeto…, el amor…? ¿O está lleno de tensión…, incomunicación…, egoísmo…, desconfianza…, envidias…, críticas…, injusticias? Oremos en este momento por nuestra familia pidiendo, por medio de María Corazón Inmaculado al Espíritu que llene nuestro domicilio de los dones del amor.

- “Entonces aparecieron lenguas como de fuego…”: El Espíritu del Señor se presenta unas veces como paloma, otras como viento,… ahora como fuego. Es un fuego que ilumina, que calienta, que purifica, que se expande… Oremos pidiendo, por medio de María Corazón Inmaculado el fuego de amor del Espíritu que nos ilumine porque estamos a oscuras…, que nos caliente porque estamos fríos…, que nos purifique porque estamos sucios…., que nos vivifique porque estamos como muertos…

- “Esas lenguas de fuego se repartían y se posaban sobre cada uno…”: Todos recibieron el Espíritu Santo. No quedó nadie sin el don del Espíritu.
Miremos ahora a nuestro alrededor… fijémonos en silencio en los rostros que nos rodean… pidamos el don del Espíritu para cada una de las personas a las que estamos viendo en este lugar… (se deja un tiempo)… pidamos el don del Espíritu para aquel de entre nosotros que más lo necesite…

- “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo…”: Oremos pidiendo, por medio de María Corazón Inmaculado el Espíritu que nos llene de la vida de Dios, que nos transforme porque no somos capaces de cambiar por nosotros mismos, que nos convierta en los cristianos que hoy el mundo necesita, que nos convierta en hombres y mujeres nuevos…

lunes, 29 de mayo de 2017

Papa Francisco y la familia: Ante el rezo del Santo Rosario



           
Estamos en el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen María. Exhorto a todos y especialmente a los jóvenes, enfermos y matrimonios, a cultivar la devoción a la Madre de Dios, rezando diariamente el Rosario
Queridos jóvenes, cultiven la devoción a la Madre de Dios con el rezo cotidiano del Rosario; queridos enfermos, sientan la cercanía de María de Nazaret, en especial en la hora de cruz; y ustedes, queridos recién casados, récenle para que nunca falte en su hogar el amor y el respeto recíproco.
También saludo cordialmente a los peregrinos polacos. Ayer, en su país han celebrado a la Bienaventurada Virgen María, Reina de Polonia. La colecta de la Santa Misa de esta Solemnidad nos recuerda que Dios ha dado a su nación, en María Virgen, una admirable ayuda y protección, con el fin de que, gracias a su intercesión, la fe gozara de libertad continua y que su patria se desarrollara en la paz. Uniéndome a esta oración, bendigo de corazón a Polonia y a cada uno de ustedes.
Les aseguro que en María estamos en buenas manos, y que Jesús es el único verdadero Pastor, que nos da vida en abundancia.
Él nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su Palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio. Jesús nunca nos deja solos. Ésa es la expresión fundamental de su misericordia. Que la presencia del Señor en sus vidas los haga cada vez más alegres misioneros del amor de Cristo. Muchas gracias.
                                                                                              Fernando