SEÑOR, amanece un nuevo día. Y con él, un nuevo curso.
Un día que se ha hecho posible gracias a tu amor.
Lo has vestido con tu mirada de creador y padre,
Le has dado todo tu esplendor y belleza,
aunque haya días fríos y con lluvia.
Tú nos has dado este nuevo amanecer,
esta mañana de hoy para seguir viviendo,
para seguir aprendiendo
que Tú amaneces para todos por igual
Al iniciar el curso, toma mi vida, Señor,
con ella yo te alabo.
Al alba tempranera se asoma mi oración,
a través de la luz de la mañana,
ten presente mi oración
para pedirte que tus ojos
le presten a mis ojos su visión.
No dejes que, según avancen los días,
mis pasos se extravíen;
no dejes que te olvide;
no permitas que desconfíe de Ti
y de tu amor para conmigo.
No dejes que termine perdido/a
entre la trama
de tanta bagatela inútil,
de tantas componenda como tejen a mi alrededor.
Haz que yo no sea este curso de los que no juegan limpio,
De los que no dicen verdad.
Ven, Tú, Señor, a mi vida, en este curso nuevo.
Sé tú mi amigo y compañero de jornada.
Cuando me encuentre con los otros
haz que sepa ver tu rostro escondido en el suyo,
aunque duela, aunque cueste.
Por eso, amplía mi visión,
abre mi ventana interior.
Ayúdame a no volver la mirada,
a ser sincero y a mirar de frente.
Que tu rostro se refleje también en el mío.
Ayúdame, Señor,
a encontrar las palabras y los gestos oportunos,
para que nadie salga herido,
sino reconocido como hermano o hermana
y compañeros de camino?
martes, 5 de septiembre de 2017
lunes, 4 de septiembre de 2017
Papa Francisco y la Familia: Pilares de la vida cristiana
¿Qué es lo que el Señor
quiere que construyamos hoy en la vida? ¿Sobre qué
cimientos quiere que construyamos nuestras vidas? Quisiera responder a estas
preguntas proponiendo tres bases estables sobre las que edificar y reconstruir
incansablemente la vida cristiana.
1.-Memoria
La gracia que tenemos que
pedir al Señor es la de saber recuperar la memoria, la memoria de lo que el
Señor ha hecho en nosotros y por nosotros: recordar que, en el Evangelio se nos
dice qu Él no nos ha olvidado, que se acuerda de nosotros: es más, nos ha
elegido, amado, llamado y perdonado.
Hay también otra memoria
que se ha de custodiar: la memoria de cada pueblo, al que Dios no ha dejado
solos. Incluso en medio de tremendas dificultades, podríamos decir con el
Evangelio que el Señor ha visitado a su pueblo: se ha
acordado de vuestra fidelidad al Evangelio, de las primicias de vuestra fe, de
todos los que han dado testimonio, aun a costa de su sangre, ya que el amor a
Dios vale más que la vida.
2.-Fe
La fe es la esperanza
para vuestro futuro, la luz en el camino de la vida. Existe siempre un peligro
que puede ensombrecer la luz de la fe: es la tentación de considerarla como
algo del pasado, como algo importante, pero perteneciente a otra época, como si
la fe fuera un libro miniado para conservar en un museo.
Sin embargo, si se la
relega a los anales de la historia, la fe pierde su fuerza transformadora, su
intensa belleza, su apertura positiva a todos. La fe, en cambio, nace y renace
en el encuentro vivificante con Jesús, en la experiencia de su misericordia que
ilumina todas las situaciones de la vida. Es bueno que revivamos todos los días
este encuentro vivo con el Señor.
A los jóvenes les pido
que si Jesús os llama para seguirlo más de cerca, para entregar la vida por él
y por los hermanos, no tengáis miedo, dadle vuestro sí.
Él nos conoce, nos ama de
verdad, y desea liberar nuestro corazón del peso del miedo y del orgullo.
Dejándole entrar, seremos capaces de irradiar amor. De esta manera, podréis dar
continuación a vuestra gran historia de evangelización, que la Iglesia y
el mundo necesitan en esta época difícil, pero que es también tiempo de
misericordia.
3.-Amor misericordioso
La vida del discípulo de
Jesús se basa en esta roca, la roca del amor recibido de Dios y ofrecido al
prójimo. Por eso, el rostro de la Iglesia se rejuvenece y se vuelve atractivo
viviendo la caridad.
El amor concreto es la
tarjeta de visita del cristiano: otras formas de presentarse son engañosas e incluso
inútiles, porque todos conocerán que somos sus discípulos si nos amamos unos a
otros.
Os aseguro que estamos
llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de
comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan. Que
los creyentes den siempre ejemplo, colaborando entre ellos con respeto mutuo y
con diálogo, a sabiendas de que la única competición posible entre los
discípulos del Señor es buscar quién es capaz de ofrecer el amor más grande.
Por otro lado, os
recuerdo que se necesitan cristianos que no se dejen abatir por el cansancio y
no se desanimen ante la adversidad, sino que estén disponibles y abiertos,
dispuestos a servir.
También se necesitan
hombres de buena voluntad, que con hechos y no sólo con palabras ayuden a los
hermanos y hermanas en dificultad; se necesitan sociedades más justas, en las
que cada uno tenga una vida digna y un trabajo justamente retribuido.
Que la Virgen María,
nuestra Madre, os acompañe siempre y guíe los pasos de todos, en el camino de
la fraternidad y de la paz. Que así sea.
Fernando
domingo, 3 de septiembre de 2017
Aprender a perder
El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará». Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.
El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación; la otra, a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.
El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio «yo» la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.
El segundo camino consiste en saber perder viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien, sino también el de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús está hablando desde su fe en un Dios salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una humanidad dividida y fragmentada donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países su propio bienestar; los individuos su propio interés?
La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del «tener siempre más». Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.
Buscamos insaciablemente bienestar, pero, ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos «progresar» cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humanos en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar cerrando nuestras fronteras a los hambrientos y a quienes buscan entre nosotros refugio de tantas guerras?
Si los países privilegiados solo buscamos «salvar» nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo hemos de aprender a perder.
José Antonio Pagola
22 Tiempo ordinario - A
(Mateo 16,21-27)
(Mateo 16,21-27)
03 de septiembre 2017
sábado, 2 de septiembre de 2017
Nosotros es mejor que yo
Un estudio psicológico realizado en la Universidad de Berkeley ha constatado la importancia del lenguaje cotidiano usado entre los miembros de una pareja. En concreto el uso del “nosotros” frente al “yo”, para referirse a ambos miembros de la pareja como un todo o a cada uno individualmente.
La conclusión fue que aquellas parejas cuyos miembros incluían más al otro cónyuge en sus expresiones, o que usaban más el “nosotros” en su lenguaje, demostraron ser más capaces de resolver conflictos que aquellas parejas en las que no se daba esta situación. Estaban más compenetrados. Había un comportamiento más positivo entre los miembros y también un nivel más bajo de estrés psicológico.
Por el contrario, se constató que un lenguaje más “individualista” (mayor cantidad de pronombres en singular para referirse por separado a cada miembro de la pareja), se relacionaba con un perfil de relaciones menos deseable; con un comportamiento negativo más acentuado y con una satisfacción marital más baja.
Lo que más me gusta del estudio es que reveló que las parejas ancianas utilizan en general más el “nosotros” que las parejas de mediana edad. Lo relaciona con el hecho de que haber afrontado obstáculos y superado desafíos juntos a lo largo de la vida aporta un mayor sentimiento de identidad compartida.
Me gusta esa conclusión porque yo, que he abusado mucho del “yo”, voy utilizando cada vez más el “nosotros”. Debe de ser porque los 32 años de casados están dejando su poso.
Gracias, Pilar
Alejandro Córdoba
viernes, 1 de septiembre de 2017
LA MUERTE NO ES EL FINAL (San Agustín de Hipona)
La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo
Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.
No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.
No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
AMÉN
(En memoria de mi hermano Manolo fallecido el pasado día 28 de Agosto)
Javier.
jueves, 31 de agosto de 2017
Señor, por amor de tu amor hago lo que hago (Conf. 2, 11,1).
Señor, tú que nos diste el que te encontráramos
y el ánimo para seguir buscándote,
no nos abandones al cansancio ni a la desesperanza.
Haznos buscarte siempre, y cada vez con más ardor.
Y danos fuerzas para adelantar en tu búsqueda.
Ante ti ponemos nuestra fortaleza. Y con ella nuestra
debilidad. Acreciéntanos la primera y cúranos la segunda.
Ante ti ponemos nuestra ciencia. Y con ella nuestra
ignorancia. Allí donde nos abriste, recíbenos,
pues estamos entrando. Allí donde nos cerraste,
ábrenos, pues estamos llamando.
Que nos acordemos de ti. Que te comprendamos.
Que te amemos. Aumenta en nosotros tus favores
hasta que totalmente nos reformemos en ti.
y el ánimo para seguir buscándote,
no nos abandones al cansancio ni a la desesperanza.
Haznos buscarte siempre, y cada vez con más ardor.
Y danos fuerzas para adelantar en tu búsqueda.
Ante ti ponemos nuestra fortaleza. Y con ella nuestra
debilidad. Acreciéntanos la primera y cúranos la segunda.
Ante ti ponemos nuestra ciencia. Y con ella nuestra
ignorancia. Allí donde nos abriste, recíbenos,
pues estamos entrando. Allí donde nos cerraste,
ábrenos, pues estamos llamando.
Que nos acordemos de ti. Que te comprendamos.
Que te amemos. Aumenta en nosotros tus favores
hasta que totalmente nos reformemos en ti.
miércoles, 30 de agosto de 2017
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