miércoles, 28 de diciembre de 2011

LOS SANTOS INOCENTES


Reflexiones sobre el aborto, el infanticidio y la eutanasia

Presentación.
Acabo de leer un artículo del Profesor de la Facultad de Filosofía de San Dámaso (Madrid) Leopoldo José Prieto López sobre los aspectos del título, que nos pueden explicar los orígenes de algunas leyes del infausto Sr. Zapatero, y que nos las aclara, al rebatir las opiniones de determinados pensadores o filósofos autonominados progresistas, que quieren cambiar nuestra cultura, y son anticatólicos como Peter Singer, J.S. Mill y Ernst Haeckel –en esta ocasión-. El artículo es extenso, pero se impone la brevedad. Así que si alguien desea conocer dicho artículo completo, recurra a mi correo ferplazavallejo@gmail.com.

            El tal Peter Singer afirma que en lo esencial la polémica sobre el aborto se limita a determinar si el feto es o no un ser humano; y, cuándo comienza la vida humana. Se trata de demostrar el momento moralmente significativo que sea el límite, para la diferenciación entre el óvulo fecundado y el niño nacido o con vida.

Aborto: Argumentos directos.
Se estudian cuatro momentos: el nacimiento (momento en el cual algo hasta entonces no humano comienza a ser humano), la viabilidad (la capacidad para una vida significativa fuera del útero materno), la movilidad (movimiento del embrión o del feto que la madre puede percibir que se mueve; pero, el feto está vivo y se mueve antes de que la madre perciba sus movimientos.) y la conciencia (el criterio del inicio de la conciencia podría postular la licitud del aborto sólo hasta la séptima semana de la fecundación del óvulo, momento en el que comienza la actividad cerebral del embrión y con ella la posibilidad de sentir dolor). Pero estos argumentos directos no resultan ni válidos, ni definitivos.  
           
Aborto: Argumentos indirectos
Recurren entonces a argumentos indirectos para convencer de que la práctica del aborto es, si no lícita, al menos no punible.
1) Argumento sociológico. Se dice que las leyes punitivas del aborto no erradican su práctica, sino que la hacen clandestina, con el consiguiente riesgo para la salud y la vida de la mujer. “Una ley que tiene más malos efectos que buenos, no es una buena ley […] en la medida en que existan, en su forma presente, miles de mujeres la vulnerarán”.
Sin embargo, una ley despenalizadora y la licitud moral de la práctica del aborto, se encuentran en planos muy distintos; puesto que una persona podría considerar oportuna una legislación despenalizadora del aborto, y a la vez afirmar que el aborto es una práctica inmoral porque se causa la muerte a un ser humano inocente. Argumentación sociológica muy endeble, pues.
2) Argumento del orden público. Esto es, “el único campo legítimo de aplicación de las leyes punitivas es evitar el perjuicio causado a los demás y no la salvaguardia de la moralidad privada”: argumento que se suele aplicar a delitos como la prostitución, el juego, el consumo de drogas, etc, y… se incluiría el aborto, pues. Dicho de otra manera: que ningún grupo social debe intentar forzar a los demás a hacer propia una determinada concepción moral, pues en una sociedad pluralista se debe dejar en manos de la mujer interesada la decisión sobre la prosecución o la interrupción del embarazo. Entonces ¿el aborto es un crimen sin víctima? Hay que demostrar que con el aborto no se daña a otro.
3) Argumento feminista. “La mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que le plazca”. Este argumento tampoco niega que el feto sea un ser humano. Pero,… ¿se debe preferir la libre decisión de la mujer a la vida del embrión? ¿el feto está en el cuerpo de la madre, pero no forma parte de él? Es que únicamente está albergado en él. Argumento, bastante pobre, pero es el más repetido, para justificar que el aborto sea admisible.

Singer acepta sin dificultad que “un feto humano es un ser humano inocente”; pero también que es perfectamente discutible que “sea malo matar a todo ser humano”. Porque hay casos en los que, hacerlo,  puede ser, si no bueno, al menos correcto: embarazos no deseados, por medio del aborto; nacimientos de niños con graves patologías físicas o psíquicas, por medio del infanticidio; vidas que carecen de la calidad mínima para merecer ser vividas, por medio de la eutanasia: he aquí tres casos en los que es correcto matar a un ser humano. Singer, para llegar a esta conclusión, se basa en la falacia de separar los dos aspectos presentes en el ser humano, como son el aspecto biológico y el aspecto moral (o personal), y, en diseccionar el término “ser humano” (miembro de la “especie” “Homo sapiens”) del término “persona” (ser racional o autoconsciente).

Aborto e infanticidio   
Para Singer un niño recién nacido no es persona, porque no es racional ni autoconsciente. Y si el feto humano (ser humano) no tiene derecho a la vida porque no es persona, tampoco la tiene el recién nacido porque tampoco lo es. Con esto, nos dice que no pretende declarar la impunidad de cualquier desalmado o psicópata que quiera matar niños recién nacidos. Eso sí, para que el infanticidio pudiera ser legal, las condiciones serían establecidas rigurosamente. Y, deberían ser tres:
-gravedad de la enfermedad física o psíquica del recién nacido, que hicieran la futura vida del recién nacido “indigna de ser vivida”. 
-plazo de un mes posterior al nacimiento para su práctica: esto es, un  tiempo lo suficientemente breve para permitir percatarse, tras el nacimiento, de que la enfermedad del niño (que de ordinario no habría podido ser detectada durante el embarazo) es del tipo de las antes indicadas.
-consentimiento de los padres: “Así, el infanticidio se puede equiparar con el aborto sólo cuando aquellos más próximos al niño no quieren que viva”. 
Añade más: El infanticidio ha sido practicado en sociedades que van geográficamente desde Tahití a Groenlandia, y que culturalmente varían desde los nómadas aborígenes australianos a las sofisticadas comunidades urbanas de la antigua Grecia o a la China mandarín. En algunas de estas sociedades el infanticidio estaba permitido, y hasta, a veces, era juzgado como moralmente obligatorio. No matar a un menor deforme o enfermo era considerado frecuentemente como malo, y el infanticidio fue probablemente la primera, y, en varias ocasiones, única forma de control de población”.

Infanticidio y eutanasia
La base del pensamiento de este autor es una concepción materialista de la realidad, que lleva a aplicarlo a todos los momentos de la vida. Por eso: ¿qué diferencia hay entre quitar la vida a los niños antes, o hasta un mes después del nacimiento, que quitársela a aquellos enfermos incurables en un estado avanzado de su vida? Es el caso de los enfermos mentales profundos: tampoco ellos son personas.  Además, según esta mentalidad, sería acertado impedir la procreación a aquellos seres humanos transmisores de tan triste enfermedad, porque siendo utilitaristas y para minimizar el dolor, la esterilización es preferible al aborto, así como el aborto es preferible al infanticidio y el infanticidio a la eutanasia. Se trata siempre de intervenir evitando o eliminando la vida del ser humano que no es persona, y no debe plantear problemas morales si ello se realiza en una forma indolora.
 “Los antiguos espartanos –dice Haeckel- debieron en gran medida sus virtudes, como la fuerza corporal, la belleza física, la energía espiritual, etc., a la vieja costumbre de eliminar a los recién nacidos débiles o deformes [...] Me pregunto qué provecho obtiene la humanidad permitiendo que miles de inválidos, sordomudos, cretinos, etc. sobre los que gravan enfermedades incurables y hereditarias [que por tanto transmitirán a su descendencia, incrementando exponencialmente el número de tarados] sean artificialmente sostenidos y criados hasta edad avanzada. ¿Qué provecho sacan esas mismas miserables criaturas de su vida? ¿No sería acaso mejor y más racional terminar desde el inicio mismo con esas vidas que arrastran una inevitable miseria?” 
 Esta lógica del materialismo filosófico es implacable, terrible.

Conclusión.
La izquierda piensa que la política está para hacer una sociedad nueva, la que corresponde a los nuevos tiempos que nos toca vivir; lo anterior, no sirve. Para ellos, la ideología es una especie de fuerza redentora que nos hará libres. Van, por fin, a lograr la utopía; van a decidir cómo debe ser el mundo, rehaciéndolo según sus “nobles” criterios.
Por supuesto, el siguiente paso no se hará esperar: ¡lo harán, queramos o no!... ¡no se nos olvide!

                                                                                                          Fernando Plaza-Dic 2011.

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