lunes, 28 de agosto de 2017

El Papa Francisco y la Familia: la importancia de rezar el Padre Nuestro



Al rezarlo, hemos de tener presente, siempre,  que somos hijos de Dios y que perdonamos a aquellos que nos han ofendido.
Cuando Jesús enseña la oración del Padre Nuestro a sus discípulos, es porque Jesús se dirige siempre al Padre en los momentos fuertes de su vida, porque conoce que es un Padre que sabe qué necesitamos antes de que nosotros se lo pidamos. Se trata de alguien que nos escucha en lo escondido, en lo secreto, como Él, Jesús, aconseja orar: en lo secreto.
Más aún, este Padre nos da la identidad de hijos. Y cuando digo ‘Padre’ llego a las raíces de mi identidad: mi identidad cristiana es ser hijo y ésta es una gracia del Espíritu.
“Ninguno puede decir ‘Padre’ sin la gracia del Espíritu. ‘Padre’ que es la palabra que Jesús usaba en los momentos más fuertes: cuando estaba lleno de alegría, de emoción: ‘Padre, te doy gracias porque me has escuchado’; o después al final, en los momentos finales de su vida, al final”.
Por tanto, “Jesús habla con el Padre. Es el camino de la oración y por esto me permito decir que es el espacio de oración”. “Sin sentir que somos hijos, sin sentirnos hijo, sin decir Padre, nuestra oración es pagana, es una oración de solo palabras”.
El Papa también dijo que se puede rezar a la Virgen, a los ángeles y a los santos, pero “la piedra angular de la oración es Padre”.
“Es sentir la mirada del Padre en mí, sentir que esa palabra ‘Padre’ no está vacía como las palabras de la oración de los paganos: es una llamada a Aquél que me ha dado la identidad de hijo”.
“Y después –prosiguió- a todos los santos, a los ángeles, hacemos las procesiones, las peregrinaciones… todo hermoso, pero siempre comenzando con ‘Padre’ y con la conciencia de que somos hijos y de que tenemos un Padre que nos ama y conoce nuestras necesidades”.
Pero en esta oración también se encuentra la palabra “nuestro” porque “somos hermanos, somos familia”. Es importante “la capacidad de perdón, de olvidar, olvidar las ofensas, ese sano hábito de ‘dejémoslo, que el Señor lo haga Él’ y no ir al rencor, al resentimiento, querer venganza”.
Así pues el Pontífice invitó a “orar al Padre perdonando a todos, olvidando las ofensas” porque “es la mejor oración que se puede hacer”.
“Es bueno que a veces hagamos un examen de conciencia sobre esto. ¿Para mi Dios es Padre, lo siento como Padre? Y si no lo siento así, le pido al Espíritu Santo que me enseñe a sentirlo así. ¿Soy capaz de olvidar las ofensas, de perdonar, de dejarlo pasar y si no, pedir al Padre que nos ayude a perdonar?. Hagamos este examen de conciencia sobre nosotros y nos hará bien, bien, bien. ‘Padre’ y ‘nuestro’: nos da la identidad de hijos y nos da una familia para ir juntos en la vida”.

Fernando


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