lunes, 14 de agosto de 2017

Papa Francisco y la Familia: Todo cristiano debe amar a su enemigo y rezar por él


           
En el Evangelio de Mt 5, 43- 44 se lee : «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan”.  Este es uno de los mensajes centrales de Jesús y de la Iglesia: amar al enemigo, y rezar por ellos.
Que el Señor nos dé la gracia, esta gracia: oren por los enemigos, por aquellos que nos desean mal, que no quieren el bien para nosotros. Orar por aquellos que nos hacen mal, que nos persiguen. Y cada uno de nosotros sabe el nombre y el apellido: oro por esto, por esto, por esto… Les aseguro que esta oración hará dos cosas: a él lo hará mejorar porque la oración es potente, y a nosotros nos hará más hijos del Padre. 
Cuando Jesús inicia su predicación, la explicación de la Ley entonces estaba en crisis. Era una explicación demasiado teórica, casuística, digamos que era una ley en la que no existía el corazón propio de la Ley, que es el amor de Dios que nos ha dado a nosotros.
Por esto el Señor repite lo que ya estaba en el Antiguo Testamento: ‘¿el mandamiento más grande cuál es?’. Amar a Dios con todo el corazón, con todas sus fuerzas, con todo el alma, y al prójimo como a ti mismo.
En la explicación de los doctores de la Ley esto no estaba tan en el centro. En el centro estaban los casos: ‘¿Pero se puede hacer esto?’, ‘¿Y si no se puede?’. La casuística característica de la Ley.  Y Jesús toma esto, y relanza el verdadero sentido de la Ley, para llevarlo a su plenitud.
Así, Jesús ofrece muchos ejemplos, en los que muestra cómo los mandamientos son buenos: “No matarás”, que también se refiere a insultar a un hermano.
La explicación que hace Jesús de los mandamientos, y que se puede ver sobre todo en el Evangelio de San Mateo, es un camino de sanación: un corazón herido por el pecado original -todos nosotros tenemos el corazón herido por el pecado, todos- debe ir por este camino de corazón y sanar, para asemejarnos al Padre, que es perfecto.
Amar al enemigo es el último escalón de este camino, es el más difícil. Pidámoslo al Padre.                                                                                              Fernando


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