sábado, 19 de enero de 2013

Alimentar la esperanza


Es difícil hablar de esperanza y de felicidad a tantas personas que lo están pasando mal.
También es cierto que hay gente que esté donde esté le va bien. Y hay otros que, estén donde estén, se amargan y amargan a los que les rodean. Hay gente que un día pisó una m…. y la lleva encima de por vida. Porque, se regodea en sus angustias, y no solo no hace nada para salir de ellas sino que las alimenta.
Cuando las cosas no salen como nosotros deseamos no hay que aceptar pasivamente las adversidades sino buscar y aplicar bálsamos contra el desaliento.
Sirve, para ello, el tener arraigo a algo o a alguien. Porque quien no tiene arraigo no tiene identidad y anda como perro perdido sin collar.
Necesitamos raíces que aporten sentido a lo que somos. Que nos hagan sentirnos vinculados: la pareja, la familia, el amigo, el grupo de referenciaDios.
Es lo que deseo, de todo corazón, a los que sois y actuáis como nutrientes de mis raícespara esta Navidad.
Lo refuerzo con una reflexión sobre 3 velas:
La primera dijo:
- ¡YO SOY LA PAZ! pero las personas se enredan en rencores y envidias y no consiguen mantenerme. Y se acabó apagando.
Dijo la segunda:
- ¡YO SOY EL AMOR! Las personas no me valoran, ni me cuidan. Me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman. Y, sin esperar más, se apagó.
Un niño al ver las dos velas apagadas comenzó a llorar.
Entonces, la tercera vela dijo:
- No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas.
YO SOY ¡LA ESPERANZA!
MORALEJA
¡Aplícate el cuento!
No dejes que la esperanza se apague nunca dentro de ti. Y no esperes a que te la regalen. Búscala, aliméntala, compártela, aplícala, regálala.
Alejandro Córdoba

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