sábado, 25 de febrero de 2012

Vivir a contracorriene



En nuestra sociedad española la religión católica ha pasado de ser un hecho sociológicamente compartido y culturalmente protegido a convertirse en un fenómeno contracultural. Y en esas circunstancias no es fácil aceptar que hay que vivir a contracorriente.
No es fácil, con frecuencia, afrontar la presión que actualmente tiende a despreciar la práctica religiosa y condenarla al ámbito de lo estrictamente privado, cuando no al ostracismo. Y, en tales circunstancias, una reacción frecuente es acomodarnos a las modas imperantes para así evitarnos complicaciones o creer sin confesar ni dar testimonio.
La situación actual es, ciertamente, desestabilizadora. Pero su interpretación no tiene por qué hacerse en clave de amenaza sino también de oportunidad y ocasión para la renovación. Porque, en definitiva, ni antes estábamos tan bien ni ahora estamos tan mal.
Para muchos creyentes acomodarse es imposible. Quieren tomar partido, aun a riesgo de ser descalificados y despreciados.
Tampoco vayamos de víctimas. Tampoco la tarea de ser y actuar como creyente es imposible. Porque son muchos los que descubren que los sucedáneos en torno al consumo y el instalarse de forma permanente en la trivialidad no es suficiente para satisfacer otros anhelos más profundos.
No debemos estar acomodados y adaptados al estilo cultural dominante. Pero tampoco aislados, sino inmersos y dando testimonio de “otro estilo”. Capaces de redescubrir el valor de otras realidades, otros valores y otras formas de ver la vida.
La misma fe ha de ser principio de discernimiento de lo que se puede aceptar y de lo que no. Moralmente no todo vale, aun cuando pueda ser legal. No debemos, por ello, acomodar la fe a las modas del momento sino cuestionar y denunciar lo que choque con los valores que emanan de nuestra fe.
Pero no creamos que nuestro papel debe ser permanentemente de crítica y renuncia. Como dice mi amigo JM Vegas “renunciar y denunciar son sólo la cruz de la moneda; hay una cara positiva, que consiste en anunciar, confesar y testimoniar nuestra fe, esto es, vivir reflejando la luz que Cristo ha venido a traernos y con la que nos ha curado”.
¿Crees, amigo lector, que es una quimera pretender dar testimonio a través de nuestras obras, centradas en la justicia, la solidaridad y la verdad; la benevolencia hacia todos, en vez del odio, la exclusión o la violencia; primar la equidad, en lugar de la búsqueda del propio interés?
Alejandro Córdoba


1 comentario:

  1. Yo creo que hoy, como siempre, el cristiano no lo tiene fácil. Digo el cristiano, entendido como el seguidor de Jesús, Es decir, aquel que se acerca a los demás, que los tiene en cuenta, en definitiva que quiere amarlos. Eso cuesta y mucho. Porque, es difícl salir de la propia vida para entregarse a los demás.

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